Boys don’t cry

Q’hubo, voy a contarles una historia al soco (rápidamente, aceleradamente) “¿Pero por qué tanto afán?”, pensarán ustedes con preocupación: pues porque la historia es una mierda y es mejor que sea rápido. Comencemos.

Yo no sé si ustedes recuerdan ese hermoso programa llamado Zoboomafoo, si no saben de qué les hablo por favor se me largan qué falta de respeto no conocer esa belleza ¿cómo putas van por ahí robando oxígeno? la vaina es que hubo un momento de mi vida en el que yo veía ese programa del mico periqueado y la felicidad que yo sentía no la puedo explicar. Yo hasta ahora me pregunto qué fumaban los hermanos Kratt pero mucha maravilla, en fin.

Voy a recordarles brevemente cómo era el programa y tal porque no falta el atembado que piensa que estoy hablando de algún festival de música para maricas o algo así. Básicamente este show de televisión se enmarcaba en la vida marihuanera de dos manes que se iban a acampar por allá al Rosal y en medio de la loquera y el descontrol le daban frutas y vegetales a un lémur a quien nombraron “Zoboo”, y ese marica mico se comía una rama de apio o lo que fuera y empezaba a hablar maricadas re locas, así todo engomado cual evangélico cuando uno le abre la puerta. Los manes ya llevados del putas, cero pilotos, se dejaban engomar del lémur quién les hacía adivinanzas entonces les iba mostrando partes de un animal y los manes tenían que decir qué animal era.  Aterricemos esto a la vida actual, era como mostrar unos chulitos azules de Whatsapp y los tipos re “marica, ese es el animal de mi ex novio perro hijueputa así me ignoraba siempre”, en fin. Cuando ya sabían qué animal era el episodio se dedicaba a describir las características de ese animal tipo si te ponen a Andrés Patrana pues decían no que qué animal tan agüevado, que miremos animales igual de agüevados como Turbay Ayala, en fin ahí mostraban más animalitos parecidos al que adivinaron y así todos en mera traba.

Había otra sección, ya cuando los hermanos Kratt se tripeaban, en donde aparecía un mundo que llamaron “Zoboolandia”, o alguna güevonada así hippie tipo semana universitaria de la Nacional. Zoboolandia era un mundo como de plastilina y contaban historias con los amigos del lémur, y todos así pana pero un viaje el hijueputa. En otro momento los manes ya querían como coger una flota y parchar por allá en Faca entonces se metían a un armario supongo yo que con ganas de salir de él después, y alistaban maricadas ahí pipas y mochilas indígenas que llevaron a tomar yagé yo no sé qué cosas, y dejaban a Zoboo solo, ese mico ahí pobrecito todo periqueado y solo llave, él hasta les compuso un track y todo para cuando se iban que era como “al armario se dirigen de viaje ya se van, al armario se dirigen su equipaje guardarán”, difícil la vida de ese miquito parce pilotearle la traba a ese par de maricas que solo le daban apio y el man con severa gurbia solo sin plata, no parce.

Incluso recuerdo que los niños que veían el programa en Estados Unidos mandaban vídeos al programa diciendo que Zoboomafoo era una chimba, todos aficionados a esa mierda, ese era nuestro youtube.

Me emocioné parce, es que ese programa tenía de todo, historias, animales, hippies, yerba, lsd, eso parecía una salida de campo de la Universidad Pedagógica. Era tal la importancia de ese programa para mi vida que yo covereaba los tracks  mientras me bañaba, me encaramaba en cualquier parque, en el recreo brincaba como zaboo, eso no era amor era una obsesión.

Un día yo estaba jugando con mi hermano con unos carritos muy tranquilos y llegó mi primo a visitarnos con sus papás. El invitado debía jugar con nosotros, pero teníamos que inventarnos un juego porque el muchacho que venía de lejos merecía de nuestra parte innovación y compromiso con el ocio y la diversión. Pensamos un buen rato qué íbamos a jugar: cogidas descartadísimo, congelados ni nombrarlo, yermis paila porque solo éramos tres maricas, fútbol no porque mi abuelita nos había decomisado el balón por romperle las materas que le había regalado misia Beatriz…

 

—Juguemos a Zoboomafoo- dije yo con la seguridad que me caracterizaba

 

Brillante idea, magnífica, todos estuvieron de acuerdo. Pero ¿cómo jugamos a eso? pregunta vacía, sobraba pero ahí estaba yo para explicar las reglas de juego y las dinámicas en las que íbamos a entrar. Yo propuse que todos fuéramos Zoboo para que nadie peleara, es que yo gestora de convivencia desde siempre. La idea era atravesar palos de escoba en el corredor de la casa, unos más arriba que otros, y el juego consistía en ser como lémures y brincar de un palo a otro cual pereirana entusada, y ya divertirnos.

Quitamos los palos de escoba y los pusimos de manera horizontal en el pasillo de la casa, cosa que las paredes los trancaran y nos dieran estabilidad para balancearnos y pasar un rato agradable como los micos que pretendíamos ser en aquel momento. Todo se veía seguro, por supuesto, yo jamás arriesgaría la vida de mis familiares, yo llevaba mi curso de alturas certificado y toda la vaina como se debe hacer todo, chinitos, al derecho. Como mi primito era el invitado pues que empiece él ¿no?

 

—Hágale Juancho empiece usted.

 

Yo le daba indicaciones y él me hacía caso. Se subió al primer palo de escoba, real estaba tan firme como un árbol, él abrazó la escoba y se mantuvo en el aire a uno 20 centímetros del suelo. El público nos aplaudía. Era hora de pasar al siguiente palo que estaba un poco (mucho) más alto que el primero; y Juancho lo hizo, se subió y logró mantenerse como Zoboomafoo. Él estaba tan sorprendido de mi construcción tan impecable que me gritaba desde allá “Mira Katherine, ¿así está bien como Zoboo?”

 

—PERFECTO DAME MÁS JUANCHO TÚ Y YO Y ZOBOOMAFOO A LOS ANIMALES CONOCERÁS Y LO MISMO QUE ELLOS TÚ HARÁS (8)

En ese momento vi en cámara lenta cómo el palo de escoba se resbalaba de las paredes y dejaba indefenso y asustado a Juanchito, en la angustia que pasó mientras caía de espaldas decidió poner el brazo hacia atrás para no golpearse, pero Dios le dijo a juanchito “hoy no, Juanchito, hoy no te puedo ayudar, así es la vida de hijueputa”. Juanchito se fracturó un brazo.

Cuando fui a recoger a mi primo porque yo era la mayor, vi como se le inflamaba el brazo poco a poco de manera instantánea al golpe, yo casi me desmayo y mi hermano se puso a llorar.

 

—¿Sabe qué Juancho? usted es un berraco y esto no es nada. Los niños no lloran, y zoboomafoo menos. No se salga del personaje, hermano.- pensaba yo mientras trataba de calmarlo porque estaba pasmado del grito que pegó.

 

Afortunada o desafortunadamente estábamos solos en la casa porque los adultos habían salido a comprar lo del almuerzo, yo cogí a mi primo y le metí severa terapia para que no dijera nada, le puse la chaqueta y la vieja confiable de este mundo machista y asqueroso, le dije “los niños no lloran”, santo remedio el peladito se secó las lágrimas con ese hijueputa dolor que yo creo que sentía, se puso la chaqueta como todo un guerrerito de dios, pálido, y se sentó en la sala quietico. Yo dije, qué man tan crack, nadie lo va a notar como si nada hubiera pasado, sigamos con nuestra vida.

No panitas, muy fuerte juancho, muy leal mi hermano y muy áspera yo pero apenas llegaron los adultos notaron que algo andaba mal y no tardaron en ver que se trataba del brazo de mi primo. Nos preguntaron qué había pasado y nadie decía nada, porque familia son familia, negocios son negocios amigos en las calles amigos como los socios. Pero igual mi mamá me pegó ¿Saben por qué? DIZQUE POR ENSEÑARLE A MI HERMANO A DECIR MENTIRAS ¿AH?

 

Mi primo se recuperó, después de todo solo era una fractura marica, y pues seguí siendo directora del club de fans de Zoboomafoo.

 

Perdón amiwis pero ando triste y así no me fluye ni respirar. Ayioz.

 

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Ya sabemos que olemos a mierda.

Hola amigos, volví porque ayer me acordé con unos amigos de una suceso muy parchado que debo compartirles antes de morir. Entonces empecemos así sin hablar de más como siempre.

Esta no es una historia de mi infancia, como es costumbre en este blog, sino fue un acontecimiento que tuvo lugar hace como 7 años, yo creo. Esperen, antes de empezar quiero que sepan que yo ya cambié y me acerqué a Jesucristo, ese ser humano que era yo en el 2011 está rehabilitado casi por completo. Al menos entre semana. En fin, solo Dios podrá juzgarme.

En ese tiempo yo parchaba con un grupo de amigos que conocí en el colegio, y algunos del barrio, pero los más casposos eran los que conocí en ese colegio del Tunal que yo por ahí ya les había comentado. Resulta que nosotros de vez en cuando fumábamos de esa planta bonita que hace que uno se ría hasta de los chistes maricas de Alejandro Riaño, una maravilla amigos yo no sé por qué me critican tanto esa belleza. La vaina es que si bien nosotros fumábamos con bastante frecuencia pues no habíamos hecho un curso para ser pilotos ni nada, entonces ustedes vieran lo que jodíamos cuando estábamos bajo efectos de esa vuelta.

Un día fuimos a dar una vuelta y a practicar algo de arquitectura en el centro de Bogotá mientras escuchábamos algunos temas, todo tranqui. Pero cuando llegamos, un amigo que vamos a llamar Diomedes, quien tenía la materia prima que habíamos comprado con dinero fruto de nuestro arduo trabajo vendiendo obleas en los bazares de la cuadra, nos dijo algo que nos rompió el corazón y nos preocupó sobremanera. Mientras buscaba en su maleta y revolcaba todo, con el rostro pálido nos dijo:

—Ay marica, dejé la bareta sobre el comedor, mi cucha se va a dar cuenta.

—KEKEKEKEKEKEKEKE PAZA AMIGUITO KE KLASE DE CHIRRI TE CREES NO TENÉS PERDÓN MORITE-, replicamos al unísono.

 

Resulta que Diomedes vivía un poco lejos del centro de la ciudad de Bogotá. No sabría decirles el nombre exacto del barrio, pero para las personas que viven en la capital piensen que era más o menos ahí cerca a la estación del Perdomo que queda por la Autopista Sur, para los que no conocen Bogotá: era en la gran puta mierda. La vaina es que no lo íbamos a dejar morir pues con la mamá, y bueno tampoco queríamos que esa señora nos botara nuestra bareta por la taza del baño como hizo con las cartas de Dragon Ball que Diomedes tenía cuando estábamos pequeñitos. Decidimos pues regresar, emputados y angustiados a la casa de nuestro socio para recoger los elementos que podrían meterlo en problemas y pues consumirlos para olvidar ese suceso que tanto agobio nos causó.

Llegamos afanadísimos a la casa nuestro socio y afortunadamente la señora Isabel no había llegado, la bolsita estaba ahí en el comedor tal cual como la había dejado el atembado de Diomedes. La recogimos, respiramos y era hora de irnos porque amurados y chirris pero con algo de vergüenza como para fumar ahí en la casa de doña Isabel, donde planchaba y siempre escuchaba La Vallenata o Radio Uno, donde hacía su tintico antes de ponerse a bajarle el dobladillo a la jardinera de Alejandra, la hermanita de Diomedes… era su lugar hermano, uno no puede ser tan malparido de curtir ese bello espacio de chavelita, donde había todo un tejido simbólico no íbamos a pegarlo pues muchachos uno no puede ser tan horrible en la vida, eso hasta pecado será.

La vaina es que nos fuimos a un potrerito que había por ahí y fumamos muchísimo pero una cosa absurda, yo creo que nunca habíamos fumado tanto, yo sentía que no tenía pies amigos, es decir, calculen la traba tan malparida para que te sientas Nick Vujicic. Eso nos hablábamos como cada tres minutos y a los cinco respondía el otro, teníamos los ojos por allá en el centro todavía, horrible amigos. Llegó un momento en el que tenía la boca tan seca pero tan seca que me malviajé pasando saliva, o sea yo mentalmente me decía “pase suavecito saliva que ahí hay, usted no tiene sed, tranquila” y la garganta me respondía “NO PARCE ESPERÁ FAUSTO QUE NO PUEDO ESO ESTÁ MUY DENSO NOS VAMOS A MORIR NO PASES SALIVA QUE ESO NO ES SALIVA ESO ES ESPUMA SÁCAME DE AQUÍ MALPARIDA HIJUEPUTA NOS VAMOS A MATAR COMO ESTÚPIDAS”. De manera que decidí decirle a mis amigos que nos fuéramos ya para la casa, que yo quería dormir porque tenía un enchonche de kilo, y al parecer todos estábamos en las mismas.

Nos despedimos de Diomedes, o pues de la ropa de Diomedes porque ese muchacho tampoco estaba en Bogotá, andaba por allá en Suba yo no sé. Y nos fuimos. Tomamos transmilenio y en una estación más adelante un socio, a quien llamaremos Falcao dijo algo desconcertante:

—Me voy a vomitar parce me voy a vomitar tengo hambre pero también vómito.

Aunque no comprendimos el profundo análisis que nos compartió Falcao sobre la base de la jerarquía de las necesidades humanas de Maslow, decidimos bajarnos del articulado antes de hacer un desastre. Nos bajamos y el pelado no vomitó, era solo azare. Nos reímos un rato ahí en esa estación y nos dispusimos a esperar otro bus. En ese momento empezó a oler horrible, yo a lo bien me malviajé y empecé a olerme la ropa y todo disimuladamente, pero al notar que ese olor no provenía de mi cuerpecito supuse que Falcao se había vomitado y no dije nada para no hacerlo sentir mal. Al ratico, nuestro otro compañero, a quien llamaremos Rodallega nos dijo:

—¿Quién fue el que se cagó a lo bien?

Falcao, Colacho (el socio 2), Ernejto (el socio 3)  y yo nos reímos y negamos rotundamente tal posibilidad. De manera que nos preocupamos porque nos empezamos a revisar y al parecer no éramos nosotros, pero la gente pasaba y nos miraba con asco amigos, no solo yo lo sentía, lo sentíamos todos. Las personas pasaban junto a nosotros y nos miraban. “Olemos a mierda”, concluimos devastados.

—Perros ¿será que en el potrero donde fumamos pisamos mierda?-, dijo Ernejto.

Brillante, Ernejto, esa hipótesis tenía mucho sentido. Revisémonos los zapatos, nos seamos tan maricas. Nos miramos unos a otros la suela de los zapatos: NADA, amigos, estábamos limpios. Yo entré en pánico, si no era eso qué era.

—¿Será que alguno lleva en la maleta algo que se dañó? ¿la coca del almuerzo?, dijo Falcao.

Puede ser, puede ser. Pero el único que llevaba comida en la maleta era Rodallega, decidimos revisarla y abrir su coca del almuerzo. (Ve amigos aquí un paréntesis para la gente que lee esta vuelta y no es de Colombia. Llamamos coca al recipiente donde guardamos nuestra almuerzo cuando queremos transportarlo de un lugar a otro, no es que almorcemos perico ome porque ya pensarán no linda la niña fumando yerba y además de eso almorzando cocaína qué maravilla pues autzilio polizia nazional). En fin, la abrimos y pues sí olía a mierda, pero no necesariamente era la comida, digo, ya estábamos malviajados pensando que todo olía a mierda.

—Hagamos una cosa, dejemos las maletas en el piso y nos alejamos un tal. Si deja de oler a mierda pues son las maletas. ¿no?

Excelente idea, Rodallega, qué agradable sujeto. Eso hicimos desesperados, la gente seguía viéndonos como con asco algunos hasta se tapaban la nariz disimuladamente, yo quería llorar de la vergüenza. Nos quitamos las maletas, las dejamos en una esquina de la estación y nos alejamos un par de metros. Sigue oliendo a mierda, dijimos. En ese momento se acercó un celador que nos preguntó lo siguiente, lo recuerdo perfectamente:

—¿Qué está pasando? ya me tienen mareado.

Marica, habíamos mareado al celador con el olor nauseabundo.

—Discúlpenos. Nosotros tampoco sabemos por qué olemos a mierda, por eso nos estamos revisando-, dijo Falcao.

—¿Qué?-, dijo el celador un poco sorprendido.

—Sí, que ya sabemos que olemos a mierda pero no sabemos quién es o qué-, dijo Rodallega.

El celador no se aguantó la risa y nos miró, respiró y nos dijo.

—Esta es la sevillana, claro que huele a mierda.

 

Si se quieren reír, háganle tranquilos. Si no han entendido porque son de otro lugar ya les explico brevemente: ESA HIJUEPUTA ESTACIÓN DE LA SEVILLANA QUEDA FRENTE AL MATADERO, POR ESO HUELE A MIERDA, FIN.

Así es amigos de la traba tan asquerosa no pillamos que el matadero quedaba al frente de esa estación donde como maricas estábamos mirando quién de nosotros olía a mierda. ¿Ustedes creen que es justo que Dios se haya gastado toda la inteligencia en gente que no somos nosotros? claro que no, amigos, claro que no. Nos reímos mucho, por supuesto, pero eso no le quita lo humillante a la situación.

El celador ese día nos enseñó una vaina muy bella de la lingüística y es la polisemia (de “poli-“-, muchos, y el griego “sema”, significado), pues la palabra “mareado” no siempre significa tener ganas de vomitar, sino que también tiene que ver con azararse con un hecho sospechoso.

 

Era eso amigos, después de conocer mi retraso mental ya no debo disculparme por escribir asqueroso. Los amo bai.

 

 

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NOS FUIMOS PA’ CALI VIDA SAPA HIJUEPUTA

Hola grupo, ni me disculpo por el abandono. Aquí les traigo una historia de mera tusa post eliminación de la selección Colombia, amigos no me recupero que me perdone dios yo no lo voy a hacel. Comencemos.

Esto pasó hace varios años, yo la verdad no sé qué edad tenía pero yo era una niña bien regia como siempre, yo supongo que tendría unos 8 años pero no sé porque yo no puedo diferenciar entre un niño de 6 años, uno de 10 años y una guayaba, pero digamos que a esa edad. Yo era una de las mayores de mi grupo de primitos, entonces muchos de ellos me seguían hasta el fin del mundo porque yo era una influencer de las plenas.

Cuando habían celebraciones importantes mis papás, que estaban ya separados, se repartían esos días para librarse de mi hermano y de mí. Entonces tipo el 24 mi mamá era re “Ay lléveselos usted que quiero farrukear sana”, y mi papá el 31 re “Le toca usted me cubro y me agacho”. En esta historia nos vamos a enfocar en los días que pasábamos con mi viejo.

Resulta que cuando nos tocaba compartir tiempo con mi papá pues íbamos a la casa de mis abuelos. En esa casa la farra no dormía amigos míos, entonces siempre que íbamos se ponían a tomar mis tíos y los tíos de mis tíos y así. Uno de esos muchos tíos que habían en la casa tenía una volquetica pequeña, pues los adultos dicen que era pequeña pero para mí eso era más grande que la maldad de la gente del Centro Democrático. Mi tío dejaba la volqueta parqueada ahí frente a la casa y se ponía a tomar con el resto de los adultos. Pero ustedes se preguntarán ¿ALGUIEN QUIERE PENSAR EN LOS NIÑOS?, bueno pues tienen razón, tenían que dejarnos haciendo algo para que la vecina no llamara a Bienestar Familiar: Nos daban unas llaves para que jugáramos en la volqueta. Excelente idea darme llaves a mí que desde pequeñita me pegaba meras farras con Kola Román.

Nosotros corríamos a esa volqueta a ver quién llegaba primero, porque el que iba de “primis”, o el que primero gritaba “Voy lunes” era el que hacía el papel de conductor de esa volqueta. Nosotros hacíamos que metíamos las llaves y que nos íbamos de viaje a Cali y así maricadas. Pues uno siempre quería ser el primero en llegar porque qué pereza hacer el papel de vendedor de Bon Ice en carretera, o el papel de la esposa del camionero. Siempre jugábamos ahí hasta que nos aburríamos y nos entrábamos a pedirle plata a nuestros tíos ya borrachos, quienes chapetos nos compraban hasta drogas psicotrópicas.

Un día de esos nos subimos a la volqueta y llegué yo de primeras porque yo era la más potra de esa familia. Me tocaba conducir y trin yo iba a meter las llaves para luego con mi boca hacer sonidos de camión mientras giraba el volante. Pero ese día pasó algo extraordinario, una de esas maricas llaves entró y prendí esa mierda. Miren que en este punto de la historia nadie me cree, pero eso es cosa de ustedes y su fe, yo solo sé que esa mierda se prendió. Ahora que recuerdo yo no tenía ocho años, yo creo que era un suave más grandecita agh yo no jé ernejto no jé. Cuando esa vaina sonó todos nos quedamos quietos y nos miramos con cara de “NOS FUIMOS PA’ CALI VIDA SAPA HIJUEPUTA”. Yo bien emocionada empecé a darle órdenes a todos mis primitos, porque obvio yo no alcanzaba al freno ni a ni chimba. Entonces los metí a estar pendientes del freno y del clutch y tal. Amigos pues yo no tenía ni puta idea de cómo manejar una volqueta porque en el colegio no nos enseñaban eso, qué currículos tan mediocres a lo bien, pero yo había visto cómo mi papá prendía el carro de él y lo manejaba entonces me sentía ya re Toretto con esa experiencia.

Queridos hermanos pues pudimos mover la volqueta, yo me convertí en el mesías de todos mis primos ustedes vieran cómo me besaban los ovarios por ser tan chimba. Entonces yo para  probar finura empecé a moverlo un poquito para adelante, y luego mandaba a mis primos a acomodar el retrovisor para dar reversa. Una cuca, parceros. Un poquito para adelante, un poquito para atrás. En una de mis maniobras magníficas moviendo esa nave siento un totazo en la parte de adelante de la volqueta, qué susto tan horrible… pues resulta que había un carro frente a la volquetica, pero como yo era más bajita que Pacho Santos no alcancé a ver ese carrito, era como un chevette re vieja guardia. Pues le pegamos a ese hijueputa. Yo empecé a culpar a todos mis ayudantes porque o era culpa de ellos o de los pit, pero mía jamás, YO LOS IBA A LLEVAR A LA TIERRA PROMETIDA, YO NO PODÍA SER LA CULPABLE.

Pues los que corren, apague esa vaina y vámonos. Dejé la volquetica como la había encontrado y los que se bajan juiciosos a jugar escondidas en la terraza. Estábamos ya bien tranquilos hablando de nuestra aventura, unos primitos muy preocupados me decían que los adultos se iban a dar cuenta, pero yo no iba a permitir que eso pasara, si ellos me respaldaban yo los respaldaba moridera nunca. Mientras hablábamos de eso timbraron, era el dueño del carro. Virgen santa.

El señor muy ofendido llegó buscando a mi tío:

 

—SILVIO, HERMANO, VEA COMO ME VOLVIÓ EL CARRO ME HACE EL FAVOR Y ME RESPONDE.

 

Mi tío re “ESQUIUSMI MALPARIDO, YO TOY RE LOK D KE ME HABLAS”, y todos callados. El señor insistía, que le pagara que no fuera hijueputica. Yo re “BUENO TÍO NO SE DEJE AZARAR EN SU PEDAZO”, eso estaban que se rompían el rostro. Yo estaba haciendo apuestas y todo, porque mi tío feito y todo pero re paradito, el otro se veía gamín pero era una lokita, entonces yo les botaba monedas a los pies para que se encendieran. Mentiras.

Empezaron a discutir, y mi tío muy sincero le dijo:

—Hermano, yo estaba era tomando, esa volqueta ha estado quieta a mí no me venga a chantar eso que a lo mejor lo tiene hace rato y no se había dado cuenta.

—¿Y entonces yo qué hago? ¿Quién me responde?-, replicó el señor aquel.

—Hermano pero es que eso ha estado quieto, si antes los niños estaban ahí jugando y todo-, respondió mi tío Silvio.

 

TÍO CÁLLESE POR DIOS SANTÍSIMOS QUE NOS ENCANAN A TODOS, pensaba yo.

—Entonces quién fue-, dijo el vecino.

—¿Cómo así? pues nosotros no fuimos, yo no fui y los niños qué van a mover una volqueta hermano qué le pasa.

—Agh sí hombre pero entonces quién sería el hijueputa que me aporreó el carrito.

—Hermano ya qué, entre más bien y se toma una pola.

—Disculpe yo pensé que había sido usted, hágale una polita.

 

Amigos no nos pasó nada, la primera y única vez que la cagué y no me voltearon el mascadero. Muchas cosas sacamos de esta historia: la familia se apoya, la pola arregla cualquier conflicto y los niños no deben conducir volquetas bajo el efecto del barrilete.

 

Disculpen la mala calidad pero es que ya empezó Duque a cagarse en todo.

 

Los amo bai.

 

 

 

 

 

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Usted es una joyita para dañar cosas

Hola, queridos hermanos. A lo bien volví porque ustedes ya hasta me demandaron por alimentos, mero abandono en el que los tengo. Ya ni me voy a excusar, empecemos mejor con la primera entrada de este año.

 

Esto sucedió en una de mis primeras visitas a Bogotá cuando era pequeña, calculen… mi hermanito tenía como cinco años y yo tenía como siete años, yo creo. La verdad de ese momento tengo recuerdos muy vagos por lo mismo, yo era muy pequeña. Sin embargo, como fue un hecho tan melo alcanzo a recordar lo más importante según yo.

Resulta que en ese tiempo lo que yo más quería tener en la vida era un triciclo, todos mis socitos tenían uno y yo encoñadísima con la idea de conseguirlo. Sin embargo, al entrar en negociaciones con mi mamá salía perdiendo yo porque la de las lks era ella, entonces que muy caro el cupo, que muy costoso el SOAT, meh. Se negó rotundamente, yo más triste que Vargas Lleras jugando piedra papel o tijera cuando saca papel y la piedra le gana (Amigos llevo dos horas riéndome ojalá hayan entendido, si no sigan con su vida normal los amo).

Yo estaba derrotada porque mi mamá me dijo que no, mi mamá siempre me decía que no porque yo no le lavaba bien la loza, porque no tendía la cama a veces, porque dejaba loza en la habitación, porque me quedaba jugando hasta tarde, en fin con cualquier excusa me negaba la felicidad. Pero a mi hermano sí lo quería mucho y le daba lo que le pedía porque sí era juicioso y tal. Entonces se me ocurrió una idea brillante, que fuera mi hermano a decirle que le comprara el triciclo (pa’ mí) pa’ él (pa’ mí).

Me vi obligada a persuadir a mi hermanito de la manera más baja, le dije que era adoptado y que la única forma de pertenecer de manera oficial a nuestra familia era pedirle un triciclo a mi mamá. 100% real no fake. Mi hermanito re azarado se puso a llorar. ¿Lágrimas? ¡Perfecto! mi mamá nos iba a comprar un Lamborghini si queríamos.

Entrené a mi hermanito y una noche le dije que fuera y le comentara a mi mamá la situación. Él muy decidido fue y empezó a hablar con mi mamá. Yo desde el comedor escuchaba lo que hablaban en la cocina. Mi mamá ya no sacó tantas excusas como conmigo, y luego de un rato accedió, no sin antes preguntarle muchas veces que si yo tenía algo que ver con su repentino deseo de adrenalina. Eso sí, le dijo a mi hermano que le diera un tiempito mientras le pagaban una plata y le compraba el triciclo. Qué culicagado tan manipulador, a lo bien.

Como al mes mi mamá compró el dichoso triciclo y se lo dio a mi hermano. Amigos, hermoso ese hijueputa, yo lo pillé y altas ganas de engallarlo bien melo. Pero mi mamá hizo una advertencia haciendo uso de las siguientes palabras: “No se lo vaya a tirar, Katherine, que usted es una joyita para dañar cosas” y yo “Oie respétameeeee”. Igual mi mamá me vio re engomadita con esa nave y me dijo que le enseñara a manejarla a mi hermano, que era para los dos mimimimi.  Breve no se diga más, camine pa’l parque.

El triciclo tenía dos sillitas, es que era re parchado amigos ustedes vieran. Entonces mi mamá le acomodó una cobija a mi hermano en la silla de atrás para que fuera más cómodo mientras yo me ponía a derrapar por el parque. El parque quedaba frente a la casa, así que mi mamá nos dejó solos con otros niños ahí jugando mientras ella hacía el almuerzo.

Estaba yo enseñándole a mi hermano a meter cambios y dar pedal a lo loco y claro, íbamos rapidísimo entonces él re flor se puso a llorar. Yo no iba a parar por par lágrimas de una loquita sin carácter,  así que seguí mi camino esquivando palomas. Cuando ya pillé que estaba llorando mucho me giré para ver qué estaba pasando, y fue en ese descuido que se me atravesó un niñito más marica que mi hermano y me lo llevé. Mero tiestazo, todo el mundo lloraba, pero ningún adulto se acercó. Nos habíamos volcado, la cobija quedó en la puta mierda, mi hermano quedó de cabeza y yo regia me raspé todo el brazo derecho y la carita. El niño que me cargué estaba re atembado gritando y yo me azaré. Zonas, yo recogí y a mi hermano y le dije que nos fuéramos antes de que llegara tránsito. Sin embargo no podía dejar a ese pelado ahí solo, ningún adulto se acercaba, entonces como una pelada madura me paré le dije “sana sana colita de rana” y los que corren porque yo no iba a pagarle daños a ese peladito. Me cargué el triciclo, cogí a mi hermano y nos fuimos para la casa.

Me demoré más descargando el triciclo que mi mamá en pegarme por haber rayado el triciclo y perjudicado a mi hermano quien seguía llorando. No pude volver a manejar esa nave hasta un mes después mientras se la llevaban al taller y mi hermano recuperaba la conciencia. Pero parché melo re Letty juas. No volvimos a saber del niño afectado, lo 100to por todo pero era muy joven para terminar en la cárcel por exceso de velocidad y makiabilidad.

 

Eso era todo mis bebés hermosos, qué pena quitarles tiempito lamento la demora y la redacción asquerosa.

 

gud bai

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No me representan.

Q’hubo, mis bebés hermosos. Esta vez no hay excusa, los abandoné muy maluco. La vaina es que este año fue bien complicado para la gente parchadita como yo y la verdad no pensé que pudiera comer buñuelitos este mes. Les traigo una historia cortita, marica y mal redactada para que no se pierda la esencia del blog, grupo.

Esto sucedió cuando yo tenía unos 14 – 13 años. Si ya leyeron la entrada anterior, sabrán que fue una época en la que yo me parché como más pude la localidad número dieciocho de la ciudad de Bogotá. Mis socios y yo todo el día estábamos juntos, en el barrio ya nos conocían y nos encargaban mandados y maricadas así porque claro, pelados responsables siempre. Recordemos a Nelson, el pelado que nos enseñó trucos chimbas en la cicla, Juancho, Lucho y Javier. Necesito que lean la entrada anterior porque no les voy a contar lo mismo de nuevo, esa pereza los tiene jodidos qué berracos.

La cuestión es que era diciembre, esa época bacana en la que uno le hace la novena a Pastor López, encaleta pólvora, toma trago adulterado lo más de contento, una época preciosa. La novena y los cotejos de la selección son lo único que une a los colombianos,  que si dan comida chimba en la novena les asisten hasta los pelados de Cannibal Corpse, les digo. Uno en diciembre ve a todos esos pelados que niegan a Dios como se niega el culeo con un gurre cuando se está borracho, por allá echando Bombril como buenos ciudadanos. Yo no voto por el que diga Uribe, yo voto por el que extienda diciembre hasta agosto.

El caso, en los barrios en los que nosotros vivíamos evidentemente hacían la novena entre todos los vecinos, se cerraban las cuadras, se repartía comida y hasta bailaban las señoras de la junta de acción comunal. Decidimos con mis socios que cada día íbamos a asistir a un barrio diferente a la novena, aquí el listado para que queden las claridades hechas:

 

Javier: Diana Turbay.

Juancho: Claret.

Lucho: Bochica.

Nelson: Marruecos.

Este pechito ardiente de amor: Marruecos.

 

Creo que así está bien, igual no importa, el hecho es que eran barrios diferentes. Comenzó la novena y estábamos más felices que grilla en DT. Todo iba muy bien, cada día parchábamos a un lugar diferente con permiso de nuestras mamás, habían episodios pintorescos que nos causaban mucha gracia como cuando tenía que leer los gozos la señora que no veía bien y leía “Ya la oveja bizca, ya el cordero manco” y así, muy lindo todo eso no se puede negar.

Llegó el día de la novena en Marruecos, Lucho y Javier venían a nuestro barrio y pues severo. Como las señoras de la junta siempre nos pedían favores a nosotros, nos pidieron que compráramos las galletas para repartir con mermelada esa noche. Qué pena esa comida que iban a dar a lo bien, en Bochica nos dieron lechona y esas señoras que representaban mi barrio dizque galletas con mermelada “NO ME REPRESENTAN, NO CREO EN LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA, UNA PERSONA NO PUEDE REPRESENTAR LOS INTERESES DE LAS MASAS, NO ME REPRESENTAN NO ME REPRESENTAN”, pensé mientras le decía a doña Betulia “Sí señora, ya venimos”. En fin, nos dieron la plata y me fui con Nelson a comprar ocho paquetes de galletas de sal, de esas que vienen tres tacos, y la mermelada. OÍSTE JUAN MANUEL, ESTO ES PA’ TI Y PA’ TU GABINETE CON AMOR HPTA QUE VIVA DICIEMBRE.

Nos fuimos en la cicla de Nelson, yo iba en la barra porque ya estábamos formalizando nuestra hermosa relación. Así comienzan las relaciones serias, primero lo llevan a uno en la barra y en menos de nada ya es mamá de tres pelados seguiditos. Llegamos, compramos eso y hasta nos sobró plata, pero cómo no nos iba a sobrar plata si compraron unas hijueputas galletas de sal para alimentar a todo el barrio, eh virgen santísima.

De vuelta a casa pasó algo terrible para la comunidad de aquella localidad: nos caímos de la cicla. Cries in iba con mi entuke re parchada y casi nos matamos. Yo ya me imaginaba a Nelson llegando a la casa y diciéndole a la mamá re:

—Íbamos los dos al anochecer, oscurecía y no podía ver. Yo manejaba iba a más de cien, prendí las luces para leer, había un letrero de desviación el cual cruzamos sin precaución.

Bueno, pero no morimos. Pero pasó algo peor, las galletas salieron a volar… unas las rompimos nosotros al caer y otras fueron dadas de baja por las ruedas de los carros que pasaban por ahí. Vida triste, vida hijueputa. Nos levantamos muy preocupados, nos habíamos quedado sin la comida, primer drama que debíamos enfrentar como pareja independiente. Pues nada, contar la verdad al llegar al salón comunal. Doña Betulia nos preguntó qué había pasado que habíamos llegado sin el encargo. Ninguno quería responder, así que yo arriesgada y sincera le dije:

—EU NAO SE FALAR MUITO BEM PORTUGUES, MAIS QUERO APRENDER.

Nocherto, dijimos la verdad y esas señoras antes bravas, ni preguntaron si estábamos bien. Solo “ay que las galletas”, “ay qué vamos a hacer”, “cuál es la movida pal güiquen”, exclamaban todos los encargados de la novena. Muy triste.

Al final una señora decidió donar a la novena la natilla que había hecho para su familia. De a poquitos todos comieron, pero a nosotros dos nos tocó leer la novena como si uno tuviera la culpa de haber nacido. Igual se pasó bacano, al final hasta repartieron aguardiente las viejitas, ah pero no había plata, ah pero las galletas era lo único a nuestro alcance, ah pero chinos maricas botaron toda la plata que teníamos. Los adultos son seres horribles, pero qué agradables sujetos.

 

Eso fue todo, perdón lo paila no estoy feliz y tengo miedo de fallar en el amor. Espero que compartan estas fechas con sus seres queridos, pásenla bacano, síganle la corriente a sus tíos borrachos que si están bailando solos en la mitad de la calle ustedes bailan al lado de ellos, coman muchísimo así fresquito porque hasta marzo comiendo recalentado paila, y que tengan un año nuevo lleno de cosas bacanas, de farras, de buenas personas y de oportunidades lindas. Gracias por el amor de este año, vayan con Yepes.

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Despéguela, señora.

Buena teleparceros, esta vez no me voy a disculpar ni nada porque qué pereza. Les traigo medio pollo asado si lo quieren recibir makia si no pues me retiro de sus vidas suavecito. Hoy les traigo una historia que en mi mente está como soyadita pero demás que escribo y mera historia más aburrida que un vídeo de Luisa Fernanda W.

Esto pasó hace muchos años en Bogotá, la ciudad de la changua y el habladito de empanada caliente en la boca. Yo tenía por ahí 14 años, supongo,  y estaba en esa época de callejear de 8 de la mañana a 10 de la noche con un combo de culicagados de un popular barrio capitalino ubicado en la localidad Rafael Uribe Uribe. En ese tiempo sí se parchaba bonito en el barrio, nada de esos corotos para chatear y buscar culeo con aplicaciones chimbas.

Mi combo de socios no recuerdo si ya lo mencioné en el blog, pero digamos que sus nombres eran: Juancho, Lucho, Nelson y Javier. Nelson era el mayor, él se la pasaba engomado con esta vuelta de las ciclas (bicis suena muy roscón, qué pena con ustedes), y siempre que proponía plan era para pachar en algo relacionado con ese asunto. Un día nos dijo que nos montáramos una rampas bien chimbas  y que nos enseñaba trucos bacanos con la cicla, nosotros le dijimos que breve.

Al otro día, nos encontramos bien temprano en la mañana a ver que materiales necesitábamos para hacer las dichosas rampas. Se supone que las íbamos a hacer con madera, entonces hablamos de plata y todo eso para ir a la carpintería… ah pero cuando nos tocaba hacer carteleras para el colegio no se reportaban ni a bala.  Reunimos una plata y fuimos a cotizar unas tablas, unas puntillas y todas esas güevonadas que se nos vinieron a la cabeza.

Todo el día construyendo eso, Lucho hasta llevaba un dibujo del coroto que íbamos a hacer para guiarnos, eso sin medidas y sin ni chimba. Qué esperaban de unos pelados que estudiaban en el Marco Fidel Suárez y echaban micro en el Claret, queridos hermanos. Ya eran como las 6 de la tarde y cada uno para su casa, mamados de estar todo el día en el Tunal armando esa mierda, adelantamos resto pero decidimos seguir al otro día. Necesito que se imaginen a cinco culicagados con un reguero de tablas esperando un bus para Bochica a las 6 de la tarde… pues nos recogieron como a las 9 de la noche, en severo frío, con horror hambre, cansancio; la vida del obrero es dura, muchachos.

Ese domingo terminamos la rampa y quedó hasta chimba, no les digo mentiras. Nos trasteamos esa vuelta hasta Diana Turbay, lugar donde vivía Javier, y cuadramos tutorías con Nelson para aprender truquitos parchados en la cicla. Empezamos a ir todos los días a chimbear con esa vuelta, todos los pelados del barrio re emocionados por esa rampa nos decían que los dejáramos usarla, mera sensación del bloque nosotros desde siempre. Como resultado de la bella acogida que había tenido nuestra creación, se me ocurrió una idea muy bacana que enseguida le comenté a mis socios:

—Alquilemos esa vaina y nos hacemos la plata.

A lo que uno de ellos respondió con cara de alegría:

—Perritos sí, estamos es roncando.

Empezamos a discutir la idea mientras nos tomábamos unos refrescos congelados de $100, todos parecían estar de acuerdo y cuadramos las tarifas que íbamos a manejar. La relatoría de aquella reunión expresaba más o menos lo siguiente:

  1. La tarifa básica de la hora se iba a cobrar a 7 lks.
  2. Íbamos a hacerle un descuento a la gente del Diana porque eran parceros, para ellos la hora quedaba a 5 lks.
  3. La hora con un casco incluído costaba 7 lks 500 (para la gente del Diana no se cobraba el casco).
  4. La rampa no se podía trastear hasta muy lejos, solo por el Diana, ellos tenían que subir.

Y así, firmados los acuerdos de la asociación, pusimos en marcha nuestros planes de emprendimiento. Empezó a llegar la gente a nosotros, como lo esperábamos. Los pelados llegaban a nuestras casas y reservaban la rampa, estaban todos en la propia fiebre, eso ni vendiendo bareta les digo. A veces nos reuníamos subiendo por el parque de Marruecos y hacíamos el propio meet and greet para reservar esa vuelta.

Así pasaron como 10 días, nos habíamos hecho la plata como lo teníamos en mente. Pero como todo lo del pobre se daña con cualquier maricada pasó algo muy triste para la comunidad de Rafael Uribe Uribe. Un día, unos pelados del Tunal alquilaron la rampa que ya estaba trajeadita, nosotros breve les soltamos ese visaje y todo normal. Esa gente decidió pagar el combo que venía con el casco, muy responsables y sensatos los muchachos.

Con mis socios estábamos hablando mierda mientras ellos chimbeaban por ahí con sus ciclas, cuando siento sendo tiestazo a lo lejos y el grito de un pelado re “AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYY CUANDO ESTOY PENSANDO EN TI, SE DESPIDE LA ALEGRÍA SE APROXIMA LA TRISTEZA, PENAS Y MELANCOLÍAS, EL CORAZÓN SE DILATA ME DICE QUE ES CULPA MÍA”. Mentiras, escuché mero lamento boliviano por allá, se había caído un chino marica. Todos salimos a correr a ver qué había ocurrido con aquel alma de Dios. Parceros, pues se jodió una pierna ese man, a lo bien la rodilla le quedó por allá en Providencia Alta, qué gonorrea eso se veía más paila que el vídeo porno de Luly Bossa.

El niño empezó a llorar y nosotros no sabíamos qué hacer, queríamos llamar a un adulto pero no dejábamos de pensar en el regaño que nos iban a pegar por alquilar esa mierda. Que se muera ese marica ¿no? ¿quién lo manda a ser tan güevón de pagar por una vaina hecha por pelados de 14 años? ¿para qué alquiló el casco si no le iba a proteger la pierna? ¿Por qué no se quedó en la casa lavando la loza si sabía que no servía para los rigores de la calle? Pero nada, tocó llamar al primo porque estaba que se desmayaba.

Ni nos regañaron, llevaron al peladito a un hospital y jmmm no volvimos a saber de él. En esas llegó la mamá toda angustiada a preguntarnos que qué había pasado, medio le comentamos y nos regañó, dijo que iba a embalar a nuestros viejos y tal y todos re paniqueados, todos tipo:

—Ah no madre, ahí sí me perdona pero nuestros papás no tienen la culpa de que su hijo sea tan atembado a lo bien que no sabe montar una marica cicla, cómprele rueditas y que no chimbee, qué tal.

La vieja toda azarosa nos llevó a cada uno para nuestras casas a armarle la hijueputa a nuestras mamás, antes uno le entretiene al hijo y brava. La señora habló con las mamás de todos y claro, todas re emputecidas con la vida. Faltaba yo, virgen santa yo no pedí nacer.

Llegamos al barrio y la señora me dijo “¿Dónde es su casa?” y yo re oye cálmate que no me vas a pagar el hijueputa impuesto predial. Yo qué le iba a decir dónde vivía realmente, mi mamá me mataba. Le señalé una droguería que quedaba ahí, le dije que vivíamos en el segundo piso pero que mi mamá no estaba ¿y saben qué dijo la estimada señora? “YO LA ESPERO” YO LA ESPERO NI QUÉ HIJUEPUTAS, DESPÉGUELA SEÑORA TODA AMAÑADA EN MI PEDAZO. Efectivamente doña Marina se sentó a esperar a mi mamá, quien obvio nunca iba a llegar porque esa no era mi rancha qué intensidad la gente a lo que es bien.

Como a las 8 de la noche me aburrí y le dije que ahí no era la casa, que más bien me llevara rápido a mi hogar porque mi mamá se iba a enojar que eso era secuestro, ahí montando la mía. La señora toda ofendida en vez de estar cuidando al hijo que estaba en urgencias, me llevó a mi casa. Abrió mi mamá con mera cara de recién salida de la modelo, toda emputada me gritó que dónde había estado. Habló con doña Marina, yo me puse a llorar a ver si salvaba patria o algo. Nada, perdimos socios. Mi mamá agarró el cucharón de la sopa y me pegó par tiestazos bien sentados en la cabecita, me pegó una cachetada y por eso ahora soy silvestrista.

 

Gracias por su atención mis bebés hermosos, vayan con Dios.

 

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Chirri prevenido vale por mil

Después de un par de meses me reporto de nuevo por este medio, socitos, para primero exponer la razón por la cual tengo tan abandonado el blog. Este año no comenzó de la mejor forma para mí y prefiero evitar este tipo de espacios cuando no estoy de ánimo soyadito, porque de alguna manera la idea de esto es transmitirles buena energía para que el blog se convierta en una forma de olvidarse un talsito de las preocupaciones cotidianas. En una palabra, las cuestiones que me ocupan en este momento han sido un tanto complicadas  y no he estado de ánimo bacano para venir a escribir mierda como siempre. Así que para esas personas que a veces me escriben que hace falta una nueva entrada en el blog y todas esas cuestiones, les agradezco que estén tan pendientes de esto y a la gente que de alguna forma se inquieta por lo que me sucede pues un abrazo enorme y en serio muchas gracias. A los que les vale culo pues all cups (Todo copas en inglés). 

 

Ahora sí quiero contarles un pequeña historia, aprovechando que vi un vídeo de animalitos que me hizo sentir feliz. Esto pasó hace unos años en la capital colombiana, cuando este ser de luz decidió aceptarle una invitación a unos punkeros de la Universidad Nacional.

Estaba en la Nacional escuchando temas de 1280 Almas con un grupo de conocidos, entre ellos unos punkeros todos visajosos y otros hippies de esos que llevan una mochila que huele a bareta y unos converse rayados con lapicero, habían unos raperitos y así mero sancocho. Era un viernes por la tarde y estábamos armando plan porque ya todos habían salido de clases y todas esas cuestiones. Cuando uno de los punkeros dice:

—Comamos centro hoy, perritos calientes (siempre decía “perritos calientes”, era como mi tío santandereano pero chirri).

Todos ya aburridos de darnos mala vida por allá en el chorro, cuando no estaba tan puteado por las niñas de los Andes que se toman una club Colombia y empiezan a repartir chéchere como si fuera una novena; lo pensamos seriamente. Entonces decidimos que no íbamos a tomar al centro, nos fuimos para un potrero saliendo de Bogotá sabrá Dios dónde. ¿Por qué por allá? No jé Ernejto no jé, el caso es que un amigo conocía por allá y dijo que era relajado.

Cogimos un cheto, en ese tiempo nos llevaron como por tres mil pesos a unas diez personas. Es que esos conductores de antes sí eran gente que le ponía el alma. Por allá en la puta mierda nos bajamos y caminamos como una hora, ya habíamos comprado Eduardo III, bareta y resto de maricadas, chirri prevenido vale por mil decía Arthur Schopenhauer en  El arte de tener razón. 

Llegamos por allá como a una montaña que daba a una especie de pueblito, no tengo idea de dónde estábamos, pero hacía más frío que en el pecho de Higuaín. Un pelado llevaba una carpa, dizque durmiéramos ahí todos y que pasáramos la noche por allá bien creisis. Todos copiaron y bueno, nos quedamos. Prendimos una fogata con la llama de nuestro amor.

A eso de las 8 de la noche nos pusimos a beber como si no hubiera un mañana, no nos tomamos el Palacio de Justicia porque estábamos en la puta mierda y qué pereza. Hicimos un círculo y empezaron a rotar baretos, un grupito trillaba, otro grupito armaba, otro pegaba, otro sellaba, otro tacaba, otro carburaba y todos lo rulaban. La mera escuela de arquitectura mi socio se ganó el premio Compartir al Maestro y todo.

Cuando ya estábamos un poquito llevados de la cabecita un amigo dijo lo siguiente:

—Marica caminen que por allí hay unas casas abandonadas.

Todos locos, parceros, yo ya ni sentía la traba. Como cuando uno está tan loco que se malviaja solo porque siente que está hablando muy despacito suave suavecito y parece que estuviera encerrado en el corazón. Chirri problems. Ya todos estábamos paila, me acuerdo que un socio me dijo “Veo Kathe será que si uno mete la verga al congelador se le parte”, así cuestionamientos re brutales. A pesar de todo fuimos a las dichosas casas abandonadas porque ya qué hijueputas.

Llegamos y empezamos a recorrer una de las casas, yo tenía resto de miedo pero no kopeo de bisajez analiso realidadez. Cuando estábamos por ahí grita un amigo:

-LE DICEN LA ROMPE CORAZONES FALSAS ILUSIONEEEEEEEES

Mentiras, nos llamó, que fuéramos rápido a ver una vuelta. Él tenía una linterna re visajosa y cuando llegamos la encendió apuntando hacia una pared. Nos decía “¿Qué es eso, marica?”. Y todos re locos no sabíamos qué era, era como una sombra toda sospechosa, qué angustia. Yo no captaba ni mierda, estaba toda ida por allá recordando mi vida en el vientre de mi vieja. Todos estábamos sorprendidos, como un estudiante de los Andes cuando se va de farra con los compañeros de la universidad y no lo matan. Cuando tan, se mueve la sombra. No era una sombra, era un señor orinando en la pared. Virgen santa.

Amigos pues todos trabados nos empezamos a reír muchísimo, eso que uno se ríe tanto que se le olvida la razón de tanta felicidad. Ese señor se emputó y empezó a tirarnos palos y piedras que encontraba por ahí, ni siquiera se guardó el órgano para copular y orinar. Recuerdo que me dio mucha risa porque mi amigo gritaba como una niña

-PERRO TIENE EL CHIMBO POR FUERA JKKSAHDJASHDAJKJAHSDJA-, exclamaba.

Salimos corriendo y perdimos a ese señor, después ya nos fuimos a dormir en esa carpa que ni idea de por qué la habían llevado. Una amiga que estaba toda borracha me decía:

-Kathe hágase a la entradita por si viene ese man que a mí me da miedo que me haga algo.

Qué tal la hijueputa, como si este ser humano no tuviera razones para vivir. Al otro día no vimos a ese señor de nuevo y todo siguió muy tranquilo. Eso era todo, amigos, qué pena con ustedes, que tengan un domingo severo.

 

 

 

 

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