Usted es una joyita para dañar cosas

Hola, queridos hermanos. A lo bien volví porque ustedes ya hasta me demandaron por alimentos, mero abandono en el que los tengo. Ya ni me voy a excusar, empecemos mejor con la primera entrada de este año.

 

Esto sucedió en una de mis primeras visitas a Bogotá cuando era pequeña, calculen… mi hermanito tenía como cinco años y yo tenía como siete años, yo creo. La verdad de ese momento tengo recuerdos muy vagos por lo mismo, yo era muy pequeña. Sin embargo, como fue un hecho tan melo alcanzo a recordar lo más importante según yo.

Resulta que en ese tiempo lo que yo más quería tener en la vida era un triciclo, todos mis socitos tenían uno y yo encoñadísima con la idea de conseguirlo. Sin embargo, al entrar en negociaciones con mi mamá salía perdiendo yo porque la de las lks era ella, entonces que muy caro el cupo, que muy costoso el SOAT, meh. Se negó rotundamente, yo más triste que Vargas Lleras jugando piedra papel o tijera cuando saca papel y la piedra le gana (Amigos llevo dos horas riéndome ojalá hayan entendido, si no sigan con su vida normal los amo).

Yo estaba derrotada porque mi mamá me dijo que no, mi mamá siempre me decía que no porque yo no le lavaba bien la loza, porque no tendía la cama a veces, porque dejaba loza en la habitación, porque me quedaba jugando hasta tarde, en fin con cualquier excusa me negaba la felicidad. Pero a mi hermano sí lo quería mucho y le daba lo que le pedía porque sí era juicioso y tal. Entonces se me ocurrió una idea brillante, que fuera mi hermano a decirle que le comprara el triciclo (pa’ mí) pa’ él (pa’ mí).

Me vi obligada a persuadir a mi hermanito de la manera más baja, le dije que era adoptado y que la única forma de pertenecer de manera oficial a nuestra familia era pedirle un triciclo a mi mamá. 100% real no fake. Mi hermanito re azarado se puso a llorar. ¿Lágrimas? ¡Perfecto! mi mamá nos iba a comprar un Lamborghini si queríamos.

Entrené a mi hermanito y una noche le dije que fuera y le comentara a mi mamá la situación. Él muy decidido fue y empezó a hablar con mi mamá. Yo desde el comedor escuchaba lo que hablaban en la cocina. Mi mamá ya no sacó tantas excusas como conmigo, y luego de un rato accedió, no sin antes preguntarle muchas veces que si yo tenía algo que ver con su repentino deseo de adrenalina. Eso sí, le dijo a mi hermano que le diera un tiempito mientras le pagaban una plata y le compraba el triciclo. Qué culicagado tan manipulador, a lo bien.

Como al mes mi mamá compró el dichoso triciclo y se lo dio a mi hermano. Amigos, hermoso ese hijueputa, yo lo pillé y altas ganas de engallarlo bien melo. Pero mi mamá hizo una advertencia haciendo uso de las siguientes palabras: “No se lo vaya a tirar, Katherine, que usted es una joyita para dañar cosas” y yo “Oie respétameeeee”. Igual mi mamá me vio re engomadita con esa nave y me dijo que le enseñara a manejarla a mi hermano, que era para los dos mimimimi.  Breve no se diga más, camine pa’l parque.

El triciclo tenía dos sillitas, es que era re parchado amigos ustedes vieran. Entonces mi mamá le acomodó una cobija a mi hermano en la silla de atrás para que fuera más cómodo mientras yo me ponía a derrapar por el parque. El parque quedaba frente a la casa, así que mi mamá nos dejó solos con otros niños ahí jugando mientras ella hacía el almuerzo.

Estaba yo enseñándole a mi hermano a meter cambios y dar pedal a lo loco y claro, íbamos rapidísimo entonces él re flor se puso a llorar. Yo no iba a parar por par lágrimas de una loquita sin carácter,  así que seguí mi camino esquivando palomas. Cuando ya pillé que estaba llorando mucho me giré para ver qué estaba pasando, y fue en ese descuido que se me atravesó un niñito más marica que mi hermano y me lo llevé. Mero tiestazo, todo el mundo lloraba, pero ningún adulto se acercó. Nos habíamos volcado, la cobija quedó en la puta mierda, mi hermano quedó de cabeza y yo regia me raspé todo el brazo derecho y la carita. El niño que me cargué estaba re atembado gritando y yo me azaré. Zonas, yo recogí y a mi hermano y le dije que nos fuéramos antes de que llegara tránsito. Sin embargo no podía dejar a ese pelado ahí solo, ningún adulto se acercaba, entonces como una pelada madura me paré le dije “sana sana colita de rana” y los que corren porque yo no iba a pagarle daños a ese peladito. Me cargué el triciclo, cogí a mi hermano y nos fuimos para la casa.

Me demoré más descargando el triciclo que mi mamá en pegarme por haber rayado el triciclo y perjudicado a mi hermano quien seguía llorando. No pude volver a manejar esa nave hasta un mes después mientras se la llevaban al taller y mi hermano recuperaba la conciencia. Pero parché melo re Letty juas. No volvimos a saber del niño afectado, lo 100to por todo pero era muy joven para terminar en la cárcel por exceso de velocidad y makiabilidad.

 

Eso era todo mis bebés hermosos, qué pena quitarles tiempito lamento la demora y la redacción asquerosa.

 

gud bai

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