¿Ves esta sonrisa? es falsa.

Mis chinitos, esta vez sí me di garra con el abandono. Ya no hay cuarto de pollo asado que valga, no hay pedacito de ponqué de bautizo que remedie el daño que les causé, pero qué hijueputas. Después de todos estos meses vengo a compartirles una historia pequeñita pero con amor. Mi papá siempre decía “Téngame paciencia que yo me pongo al día con cuota alimentaria este mes”, y siempre era mentira, pero no está de más prometerles al menos otra entradita este mes. Bueno, ya qué hijuemadres, que perdón que all cups (todo copas en inglés), que no vuelve a pasar, que los amo, que me duele mucho que las cosas se hayan dado así etc. En fin.

No recuerdo el año ni nada, tengo recuerdos muy vagos de esa época, pero hace mucho tiempo ya yo vivía en un barrio netico al sur de la capital colombiana con mis primos, unos tíos, mi vieja y mi hermano, vivíamos parchado pero siempre habían diferencias notables entre nosotros. Básicamente mis tíos les regalaban a mis primos cositas bacanas y pues mi mamá qué les digo, una vez me regaló una matera, 100% real no fake.

En fin, mis primos eran una boleta de seres humanos, de esos niños que salían a montar bicicleta y no la rotaban, una vez le dije a Jhonatan, el mayor, que me prestara la bicicleta para dar un rolis por la cuadra más percha del barrio y me dijo que no porque se le gastaban las llantas, calculen el nivel de malparidito. La cuestión es que a ellos tres les daban todo lo que querían y pues a mi mamá tocaba trabajarla hasta para que me dejara pedir fiada una gomita.

Una de muchas veces, mi tío llegó a la casa con una bolsa de dulces para mis primos y claro, yo estaba de mal genio porque paila, mi mamá lo más neto que nos compraba eran las arvejas para desgranar, mi mamá me hubiera puesto Beatriz para haber nacido con 86 años de una vez qué maricada. El caso es que mis primos comenzaron ahí a mostrarnos a mi hermano y a mí los dulces y yo “ay sisas severo chinito re hijueputa ¿ves esta sonrisa? es falsa”. Pero muchachos, pillé y había una cajita bellísima de chicles, pero una vaina muy curiosita yo quedé toda enamorada y en el corazón nadie manda.

Los pelados por ahí se comieron unos dulces mientras yo observaba, analizaba y callaba. Cuando por fin se fueron para la habitación yo marqué que habían escondido la bolsa con los dulces restantes debajo de la cama, así que suavecito despacio entré a la habitación a ver si podía tomar algunas golosinas para un estudio sobre la glucosa que tenía en mente.

Entré al cuarto, le subí el volumen al radio pa’que nadie se enterara de lo que iba a hacel. Mentiras, pues entré y suavecito saqué la bolsa sin hacer mucho ruido, me dispuse a abrirla a ver qué resultaba de aquella operación. Amigos, pues vi la cajita de chicles intacta, no se habían comido ninguno y pues mera felicidad, yo estaba más feliz que Carlos Vives cuando se encuentra plata en una chaqueta que hace rato no se ponía. Tomé la cajita y me pudo más el antojo, dije “pues bueh qué hijuemadres, será comerme uno por el esfuerzo que hice para llegar hasta aquí. Gracias, mamá, si no fuera por sumercé no lo hubiera logrado”. Abrí la cajita y me puse un chicle en la boca, eran de canela y estaban picantes así como paila, yo pensé que eran más ricos por la cajita tan bella que los guardaba; eso parecía una estudiante promedio de esas universidades privadas donde cobran por respirar en la cafetería, bonitas por fuera pero maluquitas por dentro. En fin, estaba yo saboreando esa vuelta cuando siento que mi primo dice lo siguiente:

 

“SI TU MARIDO NO TE QUIEREEEEEEEEEE QUIEREEEEEE BEIBE”.

 

Mentiras, ya portando la seriedad me dijo:

—KATHERINEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE QUÉ ESTÁ HACIENDOOOOOOOO ¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ MIS DULCES!

Y yo para romper el hielo dije:

—Sí mira ¿quieres ganar dinero sin salir de tu casa? ¿quieres ser tu propio jefe?

No es cierto, no dije nada, en un acto de desesperación y makiabilidad abrí la caja de nuevo y me eché todos los chicles a la boca y los que corren. Muchachos, como a los dos segundos mi boca estaba re “SE PRENDIÓ MUCHO ESTA MIERDA”, me empezó a quemar esa chimbada, pero nada, como buena guerrerita de dios no escupí porque antes muerta que humillada. Me hice detrás del comedor y me rodearon, parceros. Mi tío, mi mamá y mis primos gritaban “ESCUPA LOS CHICLES” y yo “JAMÁÁÁÁAÁÁS ME VERÁN CAER GONORREAS”. Pero ya no sentía la boca, me tocó escupir la merca, muchachos. Fue una vaina muy traumática, era hora de dar explicaciones a la familia. Me paré derechita y le dije a mi tío lo siguiente:

—Tío, esos dulces estaban muy malucos.

Morí con honor, mi mamá me calentó la parte exterior de mi boquita con un palmadón que ni les cuento. No les puedo decir que valió la pena porque esos chicles estaban más feos que gastarse el sueldo pagando deudas. Pero ahí seguimos en la lucha, no volví a hacer ese tipo de operativos antinarcóticos, pero seguimos en la lucha.

 

Eso era todo, teleparceros. Perdón por nacer, por la baja calidad y por todas esas cosas que hago mientras existo. Pillamos.

 

 

 

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