VEO LE DIGO PAR DE CORREAZOS

Q’hubo pues chinitos, hoy sí tengo pena por la demora a lo bien. Ya hace resto de tiempo no vengo a escribir pero venimos con toda a ganar. No me voy ni  disculpar, ahí va la historia. Es cortica, tiene algunas lagunas porque me cuesta recordar eso con exactitud, pero bless.

 

Por allá para el año 2000-2001, no recuerdo bien, en Colombia estuvo de moda coleccionar unos tazos muy curiosos de Pokémon que venían al interior de los paquetes de papas y demás productos de una reconocida marca colombiana de chucherías pues. Puede que me equivoque, de esta historia recuerdo pocas cosas probablemente a causa del alto consumo de cigarrillos de dulce de esa época noventera. La cuestión es que se me metió en la mula que se trataba de tazos de Pokémon, y que venían en los paquetes de boliquesos. Sí, eran boliquesos.

En ese tiempo yo parchaba mucho con mis primos en Bogotá porque vivíamos en el mismo barrio,se imaginarán pues esas farras tan brutales con esos culicagados. Hasta nos poníamos tatuajes de los chicles de manera ilegal, que la gente de Televisa nos contactó y toda la vuelta para protagonizar Rebelde, una cosa loca. Éramos cinco en total, dos primas, un primo, mi hermano y yo. Pero de ahí saquemos a mi hermano porque ese chino era todo tocado y mi mamá no lo dejaba jugar con nosotros, también saquemos a mi prima menor porque todavía no caminaba y dejemos en veremos a mi otra prima porque era toda sapa y le contaba todo a nuestras mamás. Quedamos pues mi primo y yo, de la misma edad, él más casposo que yo, yo más guasa que él. Vamos a llamarlo por su segundo nombre: Andrés.

Andrés y yo no nos separábamos para nada, éramos como la estupidez y Peñalosa, como Carlos Vives y sus pantalones cortos, como Paloma Valencia y su gritería, siempre junticos. Estábamos en el mismo curso pero en colegios diferentes porque mi abuelita sabiamente decía “Si a esos culicagados los meten al mismo colegio se tiran hasta recreo por estar mariqueando por ahí juntos”. Hacíamos tareas juntos, íbamos al parque todos los días a jugar con otros niños del barrio y así todo muy bacano.

Con la llegada de esos tazos tan momoshos encontramos el sentido de nuestra existencia, sabíamos que nuestro ser necesitaba trascender con ello, nuestra meta era reunir todos los tazos en un mundo con límite de posibilidades para un niño de nuestra edad. Todos nuestros compañeros estaba coleccionando esos visajes, nosotros no teníamos ni uno. Vida triste, vida hijueputa.

Un día llegué muy feliz y mentalizada al colegio a aprender y todas esas maricadas, cuando me encontré a mis amigos jugando con esos tazos. Estaban debatiendo sobre cuál era más chimba, estaban cambiando los repetidos, lo social en el aula cambió en ese momento, se mercantilizó el juego, la diversión; la sociedad de consumo que estaba tragándose a nuestra generación reafirmaba su poder cada vez más, y ahí estaba yo con mi maletica roja, verde, azul y amarilla, viendo como todos estaban en esa transición de la niñez al mercado. Pues socios yo también quería ser parte de la llegada del nuevo milenio, agarré valor y les dije:

—¿Puedo jugar?

A lo que me respondieron:

—¿Cuáles tazos tiene?

Y yo re

—No tengo tazos pero yo tengo un ángel que me protege de los envidiosos.

Mentiras, cuando les dije que no tenía me dijeron que paila, que cogiera la curva que ese combo era solo para gente influyente con tazos de Pokémon. Socios, pues yo me sentía re discriminada, como un usuario de Windows Phone cuando ve que la gente de iOS y Android puede jugar esa chimbadita de Pokémon Go.

Llegué a la casa emputada, fui a la casa de mi tía y golpeé “TÍA QUE SI PUEDE DEJAR SALIR A ANDRÉS A JUGAR CONGELADOS, QUE MI ABUELITA MANDA A DECIR QUE POR LA NOCHE LA PASA LA OLLA QUE LE PRESTÓ”, mi tía lo dejó salir y yo mentalizada a superarme le dije que habláramos. Le dije a Andrés:

—Hey, escucha las palabras de Romeo.

No es cierto, pero sí le dije que me escuchara atentamente. Andrés muy juicioso se sentó a escuchar. Le dije lo que había pasado en el colegio, que teníamos que conseguir esos tazos para ser influyentes y salir de pobres, que podíamos vender esos tazos después para comprarle una casa a nuestras mamás en Estados Unidos. Aterricé al pelado pues. Él muy ofendido con esa hijueputa sociedad de consumo me dijo:

—Kathe, pero es que esos boliquesos son re caros y usted sabe que nuestras mamás no nos van a dar plata.

Yo re “Parce, pues toca conseguirnos esa plata como sea ome, si tenemos que sacar plata de la caleta de nuestras mamás toca, es por bien de ellas, para poder garantizar un mejor futuro para nuestra familia tenemos que hacerlo”, el pelado no se mareaba de nada y me dijo que listo, que eso nos conseguíamos la plata. Quedamos en vernos al otro día.

Pana, pues a buscar esa plata en el banco de la familia, debajo del colchón de mi mamá. Me saqué no sé, eso serían como 20.000 pesos ahora, no sé pero eso era resto. Yo nunca había tenido tanta plata en mis manos, ni siquiera en billetes didácticos. Esperé a que mi mamá se fuera a comprar lo del desayuno y trin, hice esa vuelta. Puse a perder a la qcha, pero por bien de todos.

Al otro día me encontré a la misma hora con Andrés. Ambos con cara de miedo reunimos el dinero que habíamos trabajado ese día, preocupados pero decididos nos fuimos a comprar boliquesos al cien.

—Buenas me hace el favor y me regala los paquetes de boliquesos que me alcancen con esto *le pasa 40 lks  la señora*

La señora sorprendidísima agarró la plata y nos preguntó si nuestras mamás sabían que íbamos a comprar todas esas galguerías. Y nosotros re

—¿MUY MALUQUITA LA PLATA PUES OME? ¿ES QUE MI SEÑORA NO LA NECESITA PA’ DARLE DE COMER A SUS CHINOS? ¿ES QUE NUESTRA PLATA NO VALE O QUÉ HIJUEPUTAS? RESPETANOS PUES VIEJITA MARICA QUE ESA PLATA LA SUDAMOS, CLARO COMO TODO LO DEL POBRE ES ROBADO.

En realidad muy asustados nos fuimos corriendo para otro lugar, con nuestra plata y con un miedo el hijueputa. Claro cómo éramos tan brutos de comprar eso en la tienda del barrio, esa señora era íntima de nuestras mamás. Pero bueno, nos fuimos a un supermercado del barrio vecino y allá el señor nos vendió la mercancía sin peros de nada, antes nos dijo:

—¿Les doy una bolsita?

y nosotros re

—No gran hijueputa, nos vamos a ir haciendo malabares con los boliquesos. PUES CLARO PRESTE MÁS BIEN UNA BOLSA DE BASURA PA QUE QUEPA TODO.

Llegamos a la casa y entramos suavecito para que no se dieran cuenta. Nos escondimos en la habitación donde dormía Andrés con las hermanas y empezamos a abrir paquetes a lo loco, qué felicidad abrir esas bolsitaas y encontrar los dichosos tazos, estábamos más felices que mamá con mata nueva. Nos comimos los primeros dos paquetes de boliquesos, pero no sea hijueputa al tercero ya teníamos ganas de vomitar, entonces abrimos todos los paquetes y en un proceso de selección minucioso sacamos los tazos y dejamos todos los boliquesos escondidos detrás de la cama. Cada uno para su casa con los tazos conseguidos, pero lo que nos esperaba al otro día, mammmmita querida.

Al día siguiente mi tía estaba haciendo oficio y cuando fue a barrer debajo de la cama de Andrés, encontró la mera guaca de Boliquesos, esa señora se emputó y llegó a la casa de mi abuelita, donde yo vivía, con mi primo agarrado de la mano de manera violenta. Parceros, apenas yo escuché a mi tía entrar diciendo “NO, MAMÁ, VIERA LO QUE HICIERON EL PAR DE DOCTORES” empecé a hacer un túnel como el Chapo Guzmán para irme a vivir a Bolivia. Mi abuelita y mi mamá me llamaron y yo “AAY GONORREA ME CUBRO Y ME AGACHO”.

—KATHERINE VENGA UN MOMENTICO

Amigos eso en idioma de mamás significa “VEO LE DIGO PAR DE CORREAZOS”. Yo dije ya qué hijueputas, vamos a poner la cara como guerreritos de dios. Después de salir de la habitación se imaginarán el interrogatorio tan berraco que nos hicieron, pues tocó confesar porque ya qué hacíamos. Amigos pues sendo tren de correa que nos dieron a los dos, yo ya ni sentía las piernitas mera violencia. Pero ganamos muchachos, ahí tuvimos boliquesos hasta para el desayuno con aguapanela, los tazos nunca los encontraron nuestras mamás entonces pudimos jugar re makia en el colegio y pues par de morados en las piernitas para recordar el amor de mamá.

 

Eso fue todo, amiguitos, qué pena quitarles el tiempo pero ustedes vienen porque quieren a ustedes no los trajeron.

 

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