LLAVE, MÉTALE CHANCLETA

Q’hubo, chinitos, ya hace dos años  comencé con Otro blog marica pensando que me leerían máximo tres pelagatos pero no, ustedes son muy makias y le han dado mucho amor a esta vuelta. Gracias por leerme y como siempre perdón por el abandono, a veces me cuesta un toque sacar tiempo para venir a escribir. Hace unos días una pelada muy amable de Twitter me preguntó “Kathe ¿usted por qué dice que no le queda tiempo para escribir en el blog pero sí se la pasa aquí metida escribiendo maricadas?”, y yo le dije Yandel, ella dijo no puede ser, para mí es un placer conocerte. Mentiras, amiguitos de Internet, la cuestión es que esto me toma más tiempo que el bichito de los tuits. En fin, gracias por estar pendientes y pues aquí les traigo una historia.

Esto sucedió hace unos añitos, yo tendría como 18-19 años, la verdad no me acuerdo bien de la fecha y eso porque o estoy pendiente de las fechas o soy makia, pero las dos no se puede. Yo vivía sola cerca al barrio Castilla en Bogotá represent, andaba llevada del putas porque estaba estudiando y trabajando pero bless, no eran penas. Ese semestre yo tenía dos trabajos porque la vida me estaba pegando una culeada monumental tipo pueden buscar en porno chimba punto com mis horarios de esa época.

Yo trabajaba de lunes a viernes en un chuzo por la Zona Industrial  y los fines de semana trabajaba en una bodega, así re guerreadita la vida. El semestre en la universidad no era tan caro pero para uno de pobre reunir hasta para un bocadillo es la propia hazaña. Entre semana entraba a las seis de la mañana a trabajar, salía como a las tres de la tarde, entraba a estudiar tipo cinco de la tarde por ahí hasta las ocho o nueve de la noche. Era muy brutal esa rutina casi no me quedaba tiempo para tomar, la mano de nuestro señor Jesucristo.

Para el jueves de esa semana yo ya no quería ni respirar del cansancio. Lo bacano de ser pobre y estar cansado es que uno se puede ir colgando en la puerta del bus y siente el rigor cuando se está quedando dormidito pero recuerda que si se suelta se mata, así forjando el carácter a lo malandro. Salí de trabajar con un hambre terrible pero lo que me quería comer me decía parcera, entonces fui a comer corrientazo tal y como lo hace Elsa en Frozen pero resulta que ya no habían almuerzos y me tocó comer ponqué Gala con alpinito. Ya el día no podía ser más paila, pero recordé la clase de seis a diez de la noche y entendí que ese día no me lo arreglaba ni encontrarme una guaca debajo de la cama.

Esa clase duró más que Padres E Hijos, yo ya quería retirarme de este juego llamado vida hasta que por fin salimos, como cuarenta minutos antes de lo normal. Llegué a la casa cansadísima, ese día tenía unas ganas horribles de ahogarme en el platero, así que mis lágrimas y yo cuadramos la alarma para las 4 am y decidí acostarme, eran como las 11 de la noche.

Pasó pues la noche y me levanté asustadísima gritando “HIPNOTÍZAME, HAZ LO QUE QUIERAS CONMIGO Y MÁTAME, UHH QUÍTATE LA ROPA”. Mentiras, me levanté asustada porque no había sonado esa piroba alarma, SI ERES EL PAISA DE LA CACHARRERÍA QUE ME VENDIÓ ESE MALPARADO RELOJ ESPERO QUE SE TE VENZA LA CAMPI PAISA PERRO HIJUEPUTA, me enojé un poco muchachos perdón. Miré el reloj y virgen santísima ERAN LAS SEIS DE LA MAÑANA AMIGUITOS YO ENTRABA A TRABAJAR A ESA HORA Y ESTABA ECHADA DURMIENDO.

Yo me puse a llorar de la angustia, real, yo me quería morir no llegaba a tiempo ni porque me alzara Bale y me llevara corriendo. Qué bañarme ni que nada, ya entrada en gastos hasta puse vallenato y me puse la camiseta del Junior de Barranquilla. Mentiras, los r tkm. Me cepillé, me alisté y corra cual raponero de la Jiménez. Tomé un taxi y le dije al señor como toda una dama “LLAVE, MÉTALE CHANCLETA”, el caballero muy amable se fue como una hijueputa loca, como si nos estuviera persiguiendo la DEA.

Llegué llorando a la empresa y ya estaba cerrada. Vi al celador y yo me le acerqué y fijo lo miré , le ofrecí un trago, al oído le dije que si estaba soltero o estaba casado y él me dijo trrranqui que nada pasaba. Nocherto, tuve más o menos la siguiente conversación con el señor vigilante:

— Q’hubo, veci (“Veci”, palabra que refiere cercanía y amor) ¿sumercé me puede dejar entrar por favor? vea que todo bien.

—No mija, sumercecita linda sabe que yo a esta hora no la puedo dejar entrar.

—Cela por favorrr *cries in spanish*, yo entro rápido y verá que no se dan cuenta.

—No puedo mija, en serio me la deja difícil porque si los patrones no dan la orden yo no la puedo dejar entrar.

—No sea así, vea que yo no puedo perder el trabajo *cries in tecnocarrilera*

—Mijita ¿y es que sumercé tenía turno hasta las seis?

—No yo tengo turno hasta las dos.

—Mamita, ¿pero las dos de la tarde?

—Sí sí señor, por favor déjeme entrar yo sé que es tarde pero déjeme entrar.

—Mija ¿pero cómo así? ¿qué horas tiene sumercé?

—Deben ser como las siete, pero es solo una horita por favor déjeme entrar *cries in guasabra*

—No, mija, es la una de la mañana. Mire *entra al cuarto* *le sube el volumen al radio*

Amigos pues atentamente escuchamos Radio Uno, y después de la Cita de Galy Galeano, trin la hora. ERA LA 1 Y 45 DE LA MAÑANA, COMPAÑEROS, yo me quedé quietica mientras mi dignidad se iba corriendo por las oscuras calles de esa neverita hermosa llamada Bogotá. El celador muy amable no sé cómo no se rió, pero me dijo que si quería podía quedarme con él mientras eran las seis de la mañana.

Vamos a aclarar las cuestiones. El reloj no estaba marcando las seis de la mañana cuando desperté, los palitos estaban derechitos verticalmente apuntando las 12:30 am, lo siento hijos pero en comunicación social y periodismo nos enseñan a leer los relojes analógicos hasta noveno semestre. Ahorita me da risa pero qué gonorrea tristeza. Claro, el celador cómo me iba a dejar entrar a la una y pico de la mañana a la empresa, eh virgen santa uno es muy imbécil en esta vida. Ahh y qué pena con el señor paisa que me vendió el reloj, no fue una falla del reloj que me vendió sino de Dios por hacerme sin un pitico de inteligencia, espero sepa perdonarme.

Pues me quedé en la casetica del celador escuchando Radio uno la de uno con mi nuevo amiwis. Si el día anterior estaba cansada pues ese día sin dormir también iba a ser una puta mierda, pero lo importante es que esa noche pusieron severos temitas.

 

Eso fue todo, amiguitos, ahí me perdonan esa historia toda maluca pero es que ya se me olvidó jugar este juego llamado vida. Pueden ir en paz.

 

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