Ahí les dejo ese mierdero

Jueputa los tengo muy abandonados, en cualquier momento me demandan por alimentos. Voy a contarles alguito, lo último del año y esperemos que lo último de mi vida oremos al señor escúchanos señor.

Hace ya varios diciembres, no recuerdo el año, este pechito ardiente de amor estaba muy feliz porque al fin había llegado el mes que más le tramaba.

Desde noviembre yo estaba más emocionada que un estudiante de medicina estrenando bata, claro cómo no, diciembre significaba dormir hasta tarde, estar libre de tareas, comer una chimba, prender velitas, echar chispitas mariposas y volcanes, soyarme los temas con mis tíos barrigones, ponerme ropa percha, sacarle plata a mis tías mientras estaban borrachas, pero lo más importante: recibir regalos.

Esa vaina de los regalos cómo emocionaba, ole, yo no hacía carta pidiendo cosas porque eso no lo hacíamos en las familias en las que la humildad prevalecía la magia crecía. Sin embargo, año tras año esperaba con ansias esa noche como el que espera un SITP a las 10 de la noche en Bosa. Y bueno, les comento, yo quería una patineta re brutal para engallarla y hacer piques con los socios, pero tocaba esperara porque la pobreza es mera perra malparida.

Resulta que como yo ya sabía que el man gordo que daba regalos no existía sino que eran los papás  los que trabajaban todo el año para que ese triplehijueputa se llevara el crédito, empecé a buscar el lugar donde estaba la caleta de regalos en la casa. En el ranchito vivíamos con mi abuela, dos tíos y tal, cada uno con sus hijos, es decir, no solo estaba en busca de mi regalo sino en busca de todo.

Me puse pues a la tarea un día ksual, mi abuelita estaba durmiendo y mi hermano como que jugando, solo estábamos los tres. La puerta de la habitación de mi tío se abría con un cuchillo, real, así son las casas bacanas, entonces tomé uno y comenzó el sandungueo el perreo. Mentiras, abrí la puerta y omaigá.

Me encontré con el cuarto de mierda de mi tío pero por dios, había una bicicleta muy chimba de esas pequeñitas que tenían las rueditas azules, amarillas, rojas y verdes. Yo dije “JUEPUTAAAA ESE ES MI REGALO PORQUE MI PRIMA YA TIENE BICICLETA Y YO NO AAAGHHH QUÉ GONORREA HPTA KE BIBA LA MARIGÜANA”. Yo estaba más feliz que Uribe en la sección de sierras de Homecenter y pues, si me la iban a dar el 24 ¿por qué no utilizarla ya? igual era mía dios santo.

Corrí un poquito la cama y me monté, a lo bien puedo decirles que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Casi no podía andar porque el lugar era pequeño pero qué puta felicidad andar al menos tres centímetros montada en esa bicicleta tan guasabra. Pero como a yiosito no le trama que uno pille los regalos antes de que nazca su hijo y abra la cajita llena de incienso, pues paila, me pasó algo horrible: noté que seguía respirando.

Mentiras, como mi tío era todos desordenado la cama estaba sin tender y las cobijas estaban en el suelo. Cuando pedaleé me enredé como con una cobija o yo no sé, el hecho es que me caí durísimo, boté todo lo que estaba sobre la mesita de noche, el tiestazo fue tan paila que la cadena de la bicicleta se salió y la canasta se rompió como mi corazón. De la angustia que me dio pensar en cómo iba a arreglar ese mierdero se me olvidó el dolor, ya no era físico sino espiritual.

Me paré como las guerreritas de Dios, arreglé la mesita de noche y listo, pero la bicicleta ya estaba paila, yo traté de poner la cadena pero no me joda, era trinca, eso no era lo mío. Yo nada me puse a llorar, pero ya qué podía hacer, dejé quietico todo como si no hubiera pasado nada y me fui juiciosita para mi cuarto. Como dijo mi papá “Ahí les dejo ese mierdero”. Mi tío esa semana se quedó y todo pero como que no se dio cuenta del accidente porque no dijo nada, ni le reclamó a mi mamá entonces relajada.

Llegó pues el 24 de diciembre, yo me levanté rápidamente y pensé: “Hoy he despertao’ acariciando la noticia de que tú no volverás. Desorientao’, dando vueltas en mi cama pensando si me amas, yo que te he ama’o, como nadie como loco amores como el mío pocos hay”, mentiras dije “Hoy fue, jueputa vida gonorrea, veo la percha cucha, veo la pinta que ya me quiero perchar bien cerdo para salir a comprar lo del desayuno omeeeeeeee ven ven ven a nuestras almas jesús ven ven ven “. Me alisté afiebrada, andaba toda lambona ayudándole a mi mamá y todo, qué chimba muchachos una bicicleta.

Llegó la noche y yo toda emocionada dormí un ratico para que a las 12 yo fuera la primera en estrenar mi regalo. Llegaron mis primos, tíos, en fin, llegó toda la banda para verme montada en esa nave tan makia. Trin, comimos arroz con pollo, gaseosa, perreamos chimbita y ya, FELIZ NAVIDAD HIJUEPUTA GRACIAS POR TANTAS BENDICIONES DIOS MÍO, LAMENTO QUE MATEN A TU HIJO EN UNOS MESES PERO ESAS NO SON PENAS PARA UN WARRIOR. En fin, a destapar regalos.

Uno por uno iban recibiendo sus regalos. que muñecas, que carritos, que maricaditas ahí. Cuando me llamaron a mí y yo tratando de fingir sorpresa “Ay pero qué será, cualquier cosita es bien recibida, quién sabe qué será”, cuando mi mamá me pasa como una bolsita con un par de walkie talkie y yo re “Oye qué gran despiste, ya puedes darme mi bicicleta”, mi mami dijo:

—Feliz navidad, mamita.

y yo:

—JAJAJAJAJAJA AY TAN CHISTOSA MI MAMITA JAJAJAJAJA POR ESO LA AMO RESTO, ME VOY A REÍR MUCHO AHORITA MIENTRAS MONTO MI BICICLETA.

Pues amigos, después de par de minutos de risa mi mamá siguió hablando con mis tías y ahí supe que ese era mi regalo, esa parte de mi vida, ese pequeño momento de mi vida lo llamo tristeza.

Yo casi lloro pero los guasas no lloramos en manada sino solitos. Pero bueno, Kathe ¿Y esa bicicleta entonces para quién era? de nuevo llegó la esperanza. Y se volvió a ir cuando llamaron a mi prima, la malparida quería otra bicicleta porque la de ella era muy grande ¿AAAHHHHH? pues esa nave era para ella, me sentí como Ariadna cuando le quitaron su coronita. Yo ya valía tres hectáreas de mierda en ese momento, pa’ qué sentimientos si se los van a volver nada ¿pa’ qué hijueputas?

Lo único makia fue que cuando llegó la bicicleta estaba toda paila, con la canasta sumida y con la cadena por fuera. Pero igual, la bicicleta la arreglaron, mi corazón no.

Ya luego dije como “OLLE PRINXEXA LEBANTHA LA KBEZA KE SE TE KAE LA KORONA” y nada, a parcharme los visajes esos que me regalaron. Uno se lo dí a mi corazón y el otro me lo quedé yo, así podía escuchar más claro cómo lloraba. Mentiras, jugamos a los detectives y esas vainas, se pasó chimbita pero qué tristeza tan perra hijueputa odio a todo el mundo esa piroba ni siquiera engalló la máquina ni ni mierda, ni siquiera sabía montar agh piroba

Eso fue todo, amigos, espero que tengan un fin de año muy bonito. La mejor energía para el otro, gracias por prestarme atención, los re tkm. Disculpen ahí todo lo malo.

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