Me la mecatié en cositas

Cuando tenía como 14 años yo sentía que Dios había mandado a mi familia al mundo a vivir en nivel legendario porque cada vez eran más las necesidades y los problemas que enfrentábamos. A pesar de eso siempre traté de disfrutar mucho todo, hasta la comedera de mierda.

Mi vieja en ese tiempo perdió su empleo y la situación se complicó bastante. Como siempre he dicho, mi mamá es una mujer muy fuerte que sin importar nada busca la manera de mantenerse en pie, pero incluso las mujeres fuertes como ella necesitan un descanso que las responsabilidades no dan. Por ese motivo mi vieja a comienzos de ese año decidió mandarme a vivir con un tío en Medellín y ella se quedó con mi hermano en Bogotá porque él la necesitaba más que yo.

En la capital antioqueña fueron muchas las mañas que aprendí a causa de la falta de supervisión de un adulto responsable. Digo, yo vivía con mi tío pero él no era un hombre muy responsable que digamos y aunque tenía toda la disposición del mundo a la hora extendernos la mano, no era para mí una figura fuerte como sí lo era mi mamá. Como consecuencia de eso, yo desarrollé cierta habilidad para ser una caspa la hijueputa.

Como 4 meses más tarde mi mamá consiguió trabajo y cuando medio se ubicó me envió plata para que regresara a la Bogotá. Yo ya me había acostumbrado a vivir en Medellín y el cambio siempre me dio un poquito duro. Mi mami trabajaba todo el día y yo era la responsable de la casa: tenía que hacer el almuerzo, ayudarle a mi hermano con las tareas, hacer las mías, lavar la ropa, barrer en fin, me tenían de sirvienta pero bueno, estábamos juntos.

Llegué entonces a Bogotá a un colegio nuevo, barrio nuevo, misma pobreza y misma makiabilidad. Me costó bastante la convivencia en todas partes porque yo era re gamina y desobediente, yo quería volver a Medellín y me estaba convirtiendo en un dolor de cabeza para mi mamá.

Un día cancelaron clases en el colegio y me quedé en la casa a mantequear pues. En el comedor había una nota que decía “Pague los recibos con la plata que está en la mesita de noche, no se le olvide porque hoy es el último plazo”. Yo tenía más pereza de ir a pagar eso que Maluma a la hora de aprenderse la tabla del dos.

A medio día me fui a pagar los dichosos recibos, llevaba como $30.000 o algo así, la verdad no recuerdo muy bien. La plata yo la había metido en las medias porque Bogotá es una bella ciudad donde si sumercé se descuida le roban hasta los sueños, eso el sol a veces no sale por miedo a que lo chucen.

Como a tres cuadras del sitio de pago de servicios quedaba un supermercado y había un pequeño grupo de personas haciendo alboroto. Me acerqué a chismosear qué estaba pasando y me llevé una sorpresa grandísima al ver cómo un man estaba pegándole patadas a una mujer que se encontraba tirada en el piso cubriéndose la cabeza mientras le suplicaba a ese señor que parara.

Yo sentí que me estaban pellizcando el útero con un cortaúñas, parce, me dio tanta ira que sin siquiera pensarlo le dije al señor lo siguiente en tono muy respetuoso y calmado:

—¿Por qué le pega, hijueputa?

Él gritó:

—Hijueputa ella que es una ladrona.

Con eso quedé desorientada, podría ser una ladrona pero pues esa no era la forma. Era una situación angustiante porque bueno, uno entiende la ira del tipo, a cualquiera le ofende que lo roben pero es que estaba matando a golpes a una mujer que en ese momento estaba indefensa. Cuando a uno lo atracan y se logra “hacer justicia” por cuenta propia, uno piensa “Pero cuando me robó ahí sí no suplicaba” o “ahí sí llora, pero cuando me robó le importó un culo”, pero ese caso fue diferente porque la señora se veía necesitada, no como esa gente que roba porque le da pereza trabajar y quiere darse lujos a costa de los demás.

El hecho es que el tipo dejó de pegarle y la señora se puso a llorar en el piso sin moverse. La gente que estaba presente simplemente siguió su camino y ya, había acabado el espectáculo. Yo me quedé porque estaba muy impactada y la señora dijo:

—No llame a la policía, vea que yo cogí eso porque no tengo cómo comprarle algo de comer a mi hijo.

Imagínense que la señora se había robado un tarro de leche en polvo, hombre, un hijueputa tarro de leche. Es que no se había robado un celular, ni joyas, ni nada por el estilo, se robó un tarro de leche para su hijo. Este señor le había dado una paliza horrible por un tarro de leche. Yo no sé, pero vi en esa señora como la imagen de mi vieja cuando estábamos pasando dificultades y me dio una tristeza, yo sabía lo que era pasar hambre y el esfuerzo que hace una máma por sus hijos… es que uno no sabe con la sed que vive el otro.

Uno dice “Quién los mandó a tener hijos”, “Que trabaje como trabajamos todos”, “Si no tiene para mantenerse ella por qué trae hijos al mundo” y a lo mejor hay razón en eso, pero uno no es nadie para juzgar porque a uno no le gustaría estar en esa situación. En el caso de la señora, lo hizo por necesidad y es poco humano el trato que se le dio, esa vaina me ofendió.

Yo podía ser una gamina pero ese tipo de cosas las sentía tan propias que le dije al tipo:

—No sea hijueputa con la señora. Si quiere yo le pago esa leche pero deje que la señora se vaya.

El tipo me dijo:

—Usted qué plata va a tener, culicagada.

Yo me agaché, saqué la plata que llevaba para pagar los recibos y le pregunte cuánto costaba. El man me dijo que valía como $20.000 o algo así, y se los di. Ayudé a la señora a pararse y le dije que se fuera rápido de ahí. Esa mujer estaba tan agradecida que hasta un abrazo me dio, fue lindo saber que pude ayudarle a esa mujer pero bueno, cada una por su lado.

Se acabó ese episodio y solo podía pensar un cosa “¿AHORA CÓMO VOY A PAGAR LOS RECIBOS, MI MAMÁ ME VA A MATAR”. Por dármelas de Madre Teresa de Calcuta me iba a ganar una pela la hijueputa por haber gastado el dinero que mi mamá me había dado, pero ya qué.

Con la plata que me había quedado solo pude pagar un recibo. Ahí me di cuenta que en la vida toca aprender a priorizar todo, entonces pagué el del agua porque me pareció el más importante y me fui para la casa más triste James en un concurso de karaoke.

Duré toda la tarde preocupada esperando a mi mamá, cuando llegó la hora de la verdad sentí sus llaves abriendo la puerta. Ella entró con cara de cansancio y me dijo:

—Mamita ¿Pagó los recibos?

Y yo como:

—Mamá, la vida es muy corta para pagar los recibos. Entonces como todos pagan los servicios usted también ¿O sea que si todos se tiran de un puente usted también lo hace? No mamá, dele vergüenza, a lo bien. Arregle su cuarto, lave la loza, siempre la misma maricada con usted. Por favor rekapacitha, bai.

Mentiras, le dije a mi mamá la verdad pero era de esperarse lo que me respondió:

—Vea Katherine ¿Usted me cree boba o qué? Qué cuento tan chimbo ¿Qué hizo la plata?

Y yo re:

—Me la mecatié en cositas.

No es cierto, le dije que le estaba diciendo la verdad pero no me creyó y me pegó con la súper chancleta multiusos 8000. Al otro día mi mamá tuvo que pedir plata prestada, ir por allá a pagar los recibos para que no nos cortaran los servicios y bueno, eso fue todo.

Tengan cuidado por ahí, si no les gustó lo lamento pero es que trabajar, estudiar, ser makia y escribir chévere al mismo tiempo me queda un toque difícil, reatzionen.

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