La socia que no miente

Hace unos años cuando cursaba como octavo grado yo me la pasaba calle arriba y calle abajo con una pelada mayor que yo. Ella estudiaba conmigo en el mismo colegio pero en diferente curso, su nombre era Amanda.

Amanda siempre fue una vieja muy fuerte que le daba en la jeta a todo el mundo, ella no se dejaba de nadie. Esa mujer era más rabona que esas mamás que en las entregas de boletines dicen “Sí, profesor, yo voy a hablar con la niña para que sea más responsable” y en la casa lo cogen a uno con el cable de la parabólica mientras dicen “Chinita hijueputa, búsqueme que me encuentra”. En fin, ella era mi modelo a seguir, imagínense eso.

Amanda, más conocida como “la Leona”, me enseñaba a diario una cantidad de cosas y yo era su más fiel seguidora. Mi mamá muchas veces me dijo que ella no era buena influencia para mí pero ¿Qué importancia tiene para una pelada de escasos 13 años que no sabe un culo de la vida, la opinión de una señora que ha vivido más que ella, que sabe cómo funcionan las cosas y quiere lo mejor para ella? exacto, ninguna.

La Leona desbordaba sabiduría con cada cosa que me decía o me enseñaba. Un día, por ejemplo, me enseñó a quitarle los tubos a los lavamanos del colegio para venderlos en el centro, “Algún hijueputa peso nos darán por eso” decía. Otra vez me enseñó a echar cerveza en bolsitas para poderla vender en el colegio como refrescos, esa pelada tenía un emprendimiento admirable.

Mi maestra, por así llamarla, era de esas personas que nacen, crecen, se reproducen y mueren en el colegio. Yo creo que ella había estudiado como con 5 generaciones, era una vaina terrible. La Leona además de enseñarme muchas cosas y protegerme, siempre se preocupó por mi bienestar y jamás hizo algo para perjudicarme (al menos intencionalmente)… en pocas palabras, hizo por mí lo que el Gobierno jamás podría hacer por el pueblo, me brindó seguridad, salud y educación. Ella era la definición perfecta de socia que no miente.

Un día, no recuerdo qué se celebraba pero en el colegio iban a hacer onces compartidas y esas maricadas. Todos debían llevar algo para compartir así que la profesora fue la encargada de decir qué debíamos llevar.

La fila 1 tenía que llevar las papas.

La fila 2 era la responsable de llevar los chitos.

La fila 3, no recuerdo muy bien, pero creo que debía llevar patacones o maíz pira (también llamado palomitas de maíz o popcorn, eso depende de su nivel de makiabilidad, los de más alto nivel lo llamamos así, maíz pira).

La fila 4 como era la más grande debía llevar dos cosas, dulces y gaseosa. Era la fila más guasabra porque yo pertenecía a ella.

A mí me tocó llevar una bolsa de dulces pero yo no tenía un peso para comprarlos, no le dije a mi mamá que me diera dinero porque ella estaba haciendo piruetas con su sueldo para cubrir los gastos necesarios y probablemente me iba a responder con un:

—¿Y ES QUE EN ESE COLEGIO CREEN QUE UNO CAGA PLATA? NO SEÑORA, YO LA MANDO ES A ESTUDIAR NO A CELEBRACIONES MARICAS.

Así que le dije a la Leona lo siguiente en busca de un consejo:

—Leona, pille que debo traer unos dulces y no tengo cómo comprarlos, yo creo que no vengo ese día ¿Cierto?

Ella muy linda siempre me dijo:

—Tan marica usted jajajajaja venga ese día que yo le patrocino los dulces. Usted sabe que copas.

Nos encontramos ese día más temprano de lo normal y me dijo que la acompañara a pagar los recibos antes de entrar al colegio, yo le dije que bueno. Al ratico llegamos a un almacén de cadena que quedaba ahí sobre la décima en el barrio 20 de Julio y entramos. Me dijo que íbamos a dar una vuelta. todo normal hasta ahí.

De un momento a otro veo que Amanda coge como tres cajas de chicles y los mete en la maleta mientras me dice:

—Campanee un toque ahí, todo bien.

Yo me puse más nerviosa que mamá utilizando estufa ajena. La Leona comenzó a guardarse resto de cosas y con toda la seriedad y cinismo del mundo me dijo:

—China ¿Qué dulces va a llevar para las onces compartidas?

A lo que respondí con la voz quebrada:

—Vámonos, deje así que yo no entro al colegio hoy pero vámonos que nos van a ver.

Ella respondió mientras se reía:

—Ay deje la maricada que ahí no hay nada, todos somos inocentes hasta que se compruebe lo contrario.

El hecho es que después de haberse robado una cantidad de dulces tratamos de irnos pero nos detuvo la celadora y nos dijo:

—ENTRÉGATEEEEE, YO SÉ QUE NO ES TU PRIMERA VEEEEEZ.

Mentiras, dijo que devolviéramos lo que habíamos tomado. Yo quedé quieta y pensé que nos iban a meter a la cárcel, iba a tener un hijo con uno de los guardias, mi mamá me visitaría cada dos domingos y me llevaría tamales para desayunar… en fin, yo estaba paniqueada mientras que la Leona estaba tranquila como un hijueputa. Amanda dijo:

—Qué va, nosotras no nos hemos robado nada, suerte.

En ese momento la señora de seguridad nos llevó para la oficina de administración y se sentaron como 3 personas a hacernos preguntas tipo ICFES. Mentiras, nos pidieron datos y nos preguntaron la de cosas.

¿Qué se robaron?

¿Por qué no se ahorran todo esto y entregan las cosas?

¿Solo vienen las dos?

¿Las dos son menores de edad?

¿Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo?

¿Qué pasó con el que dijo que te amaba?

¿Por qué me tratas así, así, así, como si no fuera nada?

Pidieron los números de nuestras casas pero Amanda dio un número inventado y yo no lo di porque gracias a la pobreza no teníamos teléfono en nuestras casa. Pobreza 1 – sistema 0. No nos podían requisar por ser niñas pero sí nos podían hacer vaciar la maleta, sin embargo la Leona dijo en tono muy respetuoso:

—Suerte gonorreas, la maleta es mía y a mi nadie me requisa porque yo no me robé ni mierda.

Yo me puse a llorar como las mujeres maduras y luchadoras y le susurré a Amanda:

—Marica, devuelva esas cosas, vea que no vale la pena que nos metan a la cárcel por unos dulces

—Qué nos van a encanar por unos dulces, deje de llorar más bien que van a pensar que también me la robé a usted- dijo ella mientras se reía como si le importara un carajo el mundo.

Después de más o menos 2 horas, el administrador dijo que nos iban a llevar al CAI porque no podían perder más tiempo. Amanda que era una vieja con un poder de convencimiento tremendo y admirable les dijo:

—¿Ustedes nos van a llevar al CAI por unos dulces? ustedes nadan en plata, dejen de ser chichipatos. Además eso fijo los policías nos roban los dulces y quedamos ustedes y nosotras mamando. Dejen que nos vayamos, vean que ahorita tenemos clase y no nos van a dejar entrar al colegio.

El administrador que estaba más bravo que Uribe cuando se le cae la red mientras está tuiteando, nos dijo:

—Les doy cinco minutos para que salgan del almacén, no las quiero volver a ver por aquí o se atienen a las consecuencias.

Yo salí por esa puerta y sonó de fondo “We are the champions”, yo estaba más feliz que una mamá estrenando matera, eh ave María. Nos fuimos a un parque a comernos los dulces porque bueno, ya habían cerrado la puerta del colegio y ni por el putas íbamos a compartirlos con los pelados del plantel porque ellos no sufrieron como nosotras, no se los merecían.

Mi mamá no se enteró del pequeño robo pero sí la llamaron del colegio a decirle que yo no había ido y bueno, mi mamá me pegó… es que si no era por una cosa era por la otra, qué vida tan hijueputa.

Hace mucho no venía por aquí así que disculpen la pérdida de tiempo y la baja calidad pero es que ustedes se han echado con las petacas y no me han consignado el sueldo, vayan con yiosito.

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