El show debe continuar, madafakars

AVISO: Esta historia es corta porque la vida no necesita mucho tiempo para ser una hijueputa conmigo.

Cuando estaba cursando octavo, yo era re makia pero casi no tenía amiguitos, probablemente porque mis compañeros no querían ser opacados por mi makiabilidad… según la rectora era porque yo les robaba lo de las onces pero eso es falso de toda falsedad.

Yo nunca fui una pelada muy aplicada ni nada de eso, motivo por el cual mi directora de curso nunca me dejaba participar en la semana cultural que hacía el colegio porque tenía miedo de fallar en el amor. Resulta que por alguna razón me porté muy bien ese periodo así que la profesora no podía dejarme por fuera del baile que iba a hacer mi curso para el festival cultural.

La profesora resignada me dijo que yo me iba a presentar con ellos y pues yo me sorprendí bastante, ya levaba como 3 años sin presentarme delante de todo el colegio. Pero bueno, era mi oportunidad de demostrarle a la gente del plantel educativo que cada vez que cada vez que yo te veo, mami, el corazón me falla, yeeh, a mi me falla, ooh, siento me falla.

En fin, llegó el día de la presentación, yo estaba muy nerviosa, no lo puedo negar. En el colegio nos habían dado unas boletas para que fueran nuestros papás a vernos pero mi mamá tenía que trabajar y no pudo ir.

Yo estaba más nerviosa que J Balvin en clase de gramática, las manos me sudaban y tal, era una vaina terrible. Pero bless, esas no eran penas para una warrior. De pronto el coordinador, que siempre hacía de animador en estos eventos, dijo:

—UN FUERTE APLAUSO PARA 801.

Todos empezaron a gritar y era hora de entrar a bailar como Yepes. Mis amiguitos y yo comenzamos a caminar hacia la pista de baile, el tiempo pasaba como en cámara lenta, yo escuchaba a los lejos los gritos de las mamás emocionadas por ver a sus hijos hacer el ridículo… me sentía muy rara, empecé a sudar frío, estaba atrapada en una especie de Genjutsu. No había marcha atrás, ya habían puesto la canción, todos teníamos la cabeza agachada para darle un toque de misterio a la coreografía y bueno, como la vida es severa lokita conmigo, pasó lo impensable. Así es, me vomité delante de toda la comunidad educativa, ksual. Entonces hice lo que cualquier persona haría en mi lugar, abandoné a mi familia, me fui a vivir a Polonia y me cambié el nombre a “Yusnebi”.

No es cierto, yo me quería morir, amigos, todo el mundo me miraba, las profesoras entraron rapidísimo a ayudarme. Yo quería salir corriendo de aquel lugar pero el vómito quería salir, no quería quedarse dentro de mí porque no quería porque se quería.

Todos mis compañeros se hicieron a un lado para no ser alcanzados por mi vómito. Cuando por fin dejé de vomitar quedé más débil que Yamcha, caminé hacia el salón y me puse a llorar mucho. Las señoras de servicios generales limpiaron el desastre que había hecho y dijeron: EL SHOW DEBE CONTINUAR, MADAFAKARS. Mis compañeritos bailaron y los aplaudieron resto.

Por la tarde llegué a casa como el cóndor herido, más triste que Maluma cuando le quitaron su areta. Mi mamá me preguntó qué me pasaba y yo le dije:

—Yandel

Ella dijo:

—No puede ser, para mí es un placer conocerte.

Mentiras, yo no le quería contar nada a mi mamá, motivo por el cual mi ella llamó a la profesora quien le comentó lo sucedido. Yo no quería volver a ese colegio… afortunadamente mi mamá me entendió y me cambió de institución.

Yo creo que eso le pasa a una de cada 3248273498237489273401249234239758923752034 personas… a las makias, claro. Pero fue una vaina muy hijueputa que no le deseo a nadie… o bueno, a Jota Mario sí.

Podéis ir en paz, queridos hermanos.

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#SoyCapaz

Bogotá es una ciudad bellísima, llena de lugares místicos y maravillosos como la L, el Samber, y un montón más que no nombro porque se me iría la vida haciéndolo. Bueno, el hecho es que en esa bonita ciudad creció este ser de luz, en un contexto bien interesante en el que uno pasaba las tardes jugando yermis, fútbol, cogidas, congelados y ponchados con los pelados de la cuadra y donde a uno lo regañaban cuando en vez de comprar Doña Gallina compraba Maggi.

Tenía yo unos 8 o 10 años cuando mi mamá decidió que nos mudaríamos a Marruecos, lejos… más allá de Friendzone. El problema no era ese, el problema era que mi hermanito y yo estudiábamos en el 20 de Julio, lo que significaba que debíamos coger bus todos los días y eso, además de representar un gasto económico grandísimo, también era un peligro, básicamente porque estudiábamos por la tarde y mi mamá no podía ir a recogernos. Y aquí me achacaron una responsabilidad la hijueputa. Yo tenía que llevar a mi hermano sano y salvo todos los días de la casa al colegio y del colegio a la casa.

Yo siempre muy responsable en la vida salía todos los días de estudiar a las 6:30 pm, recogía a mi hermanito, jugaba con mis amigos un rato fútbol por ahí hasta las 7 pm y bajaba a la décima a tomar un bus que dijera “Usme”, “Virrey”, “Providencia”, “Alfonso López” o algo así, el que primero pasara y no fuera tan lleno, tarea difícil.

A la corta edad de 8 años, yo andaba estresada como un hijueputa. Esa tareita que mi mamá me otorgó era un fastidio. No se imaginan el frío tan sapo hijueputa que hace a las 7 pm en Bogotá y lo llenas que iban esas busetas, que en ese tiempo eran unas vainas grandísimas, sin luz, con unos conductores, muy queridos ellos, que manejaban como si quisieran acabar con la miserable vida de todos los pasajeros (que a esa hora tenían ganas de matar a todo el mundo mientras madreaban mentalmente a las embarazadas que se subían a pedir el puesto)… favor que nos hubieran hecho.

Resulta que en el 20 de julio había una habitante de la calle que andaba con mucho odio en su corazón tratando mal a todo aquel que no le diera una moneda… y al que se la diera también, viejita marica. De cariño, en el colegio le decíamos “La gamincita” y siempre buscábamos la forma de hacerla enojar. Decían por ahí, las malas lenguas de la institución, que ella secuestraba niños y hacía Molipollo con los cuerpos, una vaina terrible. En fin. un día salimos del colegio y estaba esa señora sentada en un andén. En ese entonces, mis amiguitos y yo jugábamos a retarnos a vainas muy bobas así que esa era la oportunidad perfecta. Y mi amigo me dijo:

—Kathe, a que no es capaz de gritarle “Gamincita hijueputa” a esa viejita.

A lo que yo respondí lo siguiente, tratando de ser muy sensata:

—#SoyCapaz

No es cierto, le dije:

—No, qué le pasa, ¿qué tal esa vieja me convierta en Molipollo y después quién lleva a mi hermano a la casa?

Mi amigo, tratando de ceder un poco a mis fuertes argumentos, me dijo:

—Entonces gritemos todos al mismo tiempo “Gamincita hijueputa” y salimos a correr, yo no creo que nos secuestre a todos. Vea, ni siquiera trae el costal de siempre ¿En dónde nos va a echar?

Y pues el pelado tenía razón, la vieja no tenía en dónde echarnos a todos, así que no había nada que perder. Nos reunimos y a la cuenta de tres gritamos:

—REGGAETÓN SE ESCRIBE CON R, SE BAILA CON R, CON R DE RUMBA.

No es cierto, todos al unísono gritamos:

—GAMINCITA HIJUEPUTA.

Y salimos a correr. Virgen santísima, se paró esa señora en pura, nos miró y citó una bella frase del maestro Pablo Neruda:

—¿HIJUEPUTA QUIÉN? CHINOS MALPARIDOS, GONORREA OME GONORREA, MI ARETA, ME ROBARON LA ARETA, HIJUEPUTAS GONORREAS, SOLO NACIONAL A MORIR, OME GONORREA.

Está bien, no recuerdo a ciencia cierta lo que nos dijo pero nos trató muy mal. Nosotros comenzamos a reírnos y nos fuimos caminando hablando de los ires y venires de la vida, cuando escuchamos gritos de esa señora que se aproximaban. Nos dimos la vuelta y venía esa mujer bravísima tirándonos piedras y palos. Nosotros muy asustados, no sé si por el instinto de supervivencia, empezamos a correr más rápido que Gareth Bale fusionado con un raponero de la Jiménez. Y esa señora no se quedaba atrás, viejita marica tenía un físico más makia que el que tenía Mileva Marić.

Corrimos hasta la décima y nos escondimos en una cuadra cerrada que había, la Gamincita nos siguió hasta allá. Cuando nos perdió de vista, se quedó ahí parada, esperando a que saliéramos de nuestro escondite. Pasaba el tiempo y esa señora ahí, firme como los músicos del Titanic, como diría Falcao. Sin mentirles, ya eran como las 9 pm y esa señora nada que se iba. Mi hermano empezó a susurrar:

—Kathe, mi mamá nos va a regañar.

Yo solo le decía:

—TÚ TRANQUILO.

Pero sí estaba muy preocupada porque estaba tardísimo y nos encontrábamos muy lejos de nuestra casa. Así que en un descuido de esa señora salimos a correr y afortunadamente no se dio cuenta. Pero bueno, logro 1 desbloqueado, faltaba el resto de mi misión, llevar a mi hermano sano y salvo a casa.

Nos paramos a esperar el bus. Después de unos 15 minutos pasó el miserable, más lleno que una sextuitera y pues nos tocó subirnos así porque imagínense. Pero como la vida es una perra hijueputa con la gente makia como mi hermano y yo, pasó algo interesante, fue como:

Yo: Por fin, ahorita llegamos rápido a la casa, felices, contentos, sanos y salvos.

La vida: jajaja tan mk D:

Para no alargar más esta vaina, les cuento rapidito. Mi hermano y yo íbamos en la puerta de atrás del bus y el señor la cerró… en la piernita de mi hermano. Él obviamente empezó a gritar y la gente le colaboraba. Del dolor, mi hermano se me desmayó y unas señoras me ayudaron a revivirlo con las esferas del Dragón. Fue muy angustiante, no se imaginan.

Llegamos por fin a la casa, mi hermano tenía los ojitos llenos de lágrimas y la piernita lastimada. Mi mamá como era de saberse no espero a que yo cruzara la puerta para pegarme y cuando le conté lo que le había pasado a mi hermano pues con mayor razón, casi me matan aquella noche.

Mi mamá cambió a mi hermano de colegio para que no se pegara ese viaje tan horrible todos los días, pero a mí sí me dejó allá comiendo mierda. En fin…

Lo bueno: No nos convirtieron en Molipollo.

Lo malo: Mi hermanito amaneció sin piernitas.

Qué pena quitarles el tiempo, podéis ir en paz.

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