Usted tiene que hacer la Primera Comunión, mamita.

Cuando tenía 12 años, yo era una pelada muy fuiciosa e incomprendida, que tenía claro su proyecto de vida y andaba por el mundo caminando, buscando el oasis el desierto es asfalto.

Mi familia siempre fue muy creyente, motivo por el cual mi mamá parecía Bomba Estéreo repitiéndome todos los días:

—”Usted tiene que hacer la primera comunión, mamita”.

Yo no le vi problema alguno a hacer la famosa primera comunión, de hecho sí estaba algo emocionada porque me daba curiosidad poder comer esas obleas que daban en la iglesia porque gorda. Pero pues hacer ese sacramento requiere de una preparación previa llamada catequesis, así que mi mamá me inscribió en la parroquia del barrio para hacer esa vaina.

Y llegó el primer día de preparación, la catequista era una monjita que andaba brava todo el tiempo y pues no la culpo, ha de ser muy hijueputa vivir en verano eterno… era una señora que se quejaba de todo y no culeaba, era tuitera.

A ese curso asistíamos como 20 niños, inocentes y bellos seres de luz y empezamos a hacernos amigos muy rápido. Nosotros íbamos a ese curso todos los sábados de 8 am a 11 am y aprendíamos los mandamientos, la vida de Jesús, la vida del buen samaritano y esas cosas aburridoras.

Un día, la monjita Berta, nos estaba enseñando las partes de la Biblia pero tuvo que salir del salón y nos dejó solos. Nosotros, como era de esperarse empezamos a poner en práctica las enseñanzas de Jesús, amando al prójimo y compartiendo… empezamos a jugar micro en el salón. De un momento a otro, uno de los pelados dijo:

—Le doy dos mil pesos al que escriba en el tablero “La monjita es lesbiana”.

Todos empezamos a reírnos pero ninguno se atrevió a aceptar el reto. Luego de un rato, Cristian, uno de los más pequeños, dijo:

—Hágale, yo lo escribo, pero me dejan jugar fútbol en descanso porque ustedes siempre me dejan al gol y así no es chévere.

Tan pronto como el pelado terminó de decir eso, yo, tratando de calmar un poco el ambiente y tratando de acercar a mis compañeros al camino del bien, exclamé:

—No, qué va, si quiere que lo dejemos jugar fútbol tiene que escribir algo mejor, eso de “La monjita es lesbiana” es muy bobo.

A lo que respondió muy preocupado, Cristian:

—Entonces ¿Qué escribo?

Yo medité un poco y le dije:

—Escriba “La monjita lo chupa rico”.

Todos nos reímos con la madurez que nos caracterizaba, pero Cristian se echó pa’ atrás y dijo:

—Uy no, mejor no porque esa señora es toda brava y si se da cuenta me pone a hacer planas.

En ese momento todos gritamos:

—AAAAEEEEEE SE LE ARRUGÓ JAJAJAJAJAJA.

Pero yo no contaba con que Cristian era un chinito marica muy altanero y me dijo:

—¿Entonces por qué no lo escribe usted?

Obviamente yo no podía quedar mal delante de mis nuevos amiguitos seguidores de Jesús, y con todo el miedo del mundo, mientras pensaba en lo brava que se iba a poner esa señora, les dije:

—Pues hágale, a mí no me da miedo, pero no me vayan a vender.

En fin, los pelados me hicieron una especie de calle de honor hacia el tablero, yo tomé el marcador y empecé a escribir la dichosa frase, mientras me temblaba un poquito la mano. Mientras escribía, se me acercó un compañero, Mateo, y me dijo:

—JAJA Venga le dibujamos algo para que no quede tan simplón.

Mateo, hizo lo que cualquier persona creativa habría hecho en su lugar, dibujó un pene. Todo era risas y diversión hasta que escuchamos los pasos de la catequista en el pasillo. Todos corrimos a sentarnos, tratando de mantener la compostura y entró esa señora al salón, con una cara de cólico que no se la quitaba nadie y miró hacia el tablero. Ustedes hubieran visto la cara de esa señora, Virgen Santísima y exclamó con toda la ira del mundo:

—¿QUIÉN ESCRIBIÓ ESO? VOY A CONTAR HASTA DIEZ Y QUIERO QUE LOS RESPONSABLES DE ESA FALTA DE RESPETO, PASEN AL FRENTE O TODOS SE QUEDAN SIN DESCANSO.

Todos nos mirábamos, aguantando la risa, con mucho miedo en nuestras miradas, y empezó a contar esa viejita marica:

10 nunca me dices que me amas
9 siempre cambio la verdad
8 cuando salgo de la casa
7 casi siempre llego a las
6 no me agradan tus detalles
5 a esta altura nos da igual
4 se nos apagó la llama
3 casi voy a terminar
2 si no hay amor no hay nada
Es oport1 el adiós.

Nadie decía nada entonces decidió llamar al cura de la parroquia. Llegó ese señor y todos seguíamos callados. El padre dijo:

—Quiero que pase al frente la persona que hizo esa grosería, debería darles vergüenza. Dios castiga esas “bromitas”. Si no aparece el responsable se quedan toda la tarde ayudando en la Iglesia.

Pero nada, sus esfuerzos por hacernos hablar fueron vanos, entonces él dijo:

—Listo, entonces se me quedan hasta las 5 pm. Si hay alguien presente que se oponga a este matrimonio, que hable ahora o calle para siempre.

En ese momento se paró Mateo y dijo:

—Yo me opongo.

Todos quedamos impactados y él continuó:

—¿Quién te ama como yo, cosita linda? ay Dios, si te casas te llevarás mi vida, es como un fin de una novela, nuestra historia es la más bella. Dime que esta ceremonia es una pesadilla.

Así que yo me paré inmediatamente y dije:

—Un momento padre no permita esto, es absurdo es un error. Ponga pausa a esta boda, ya le explico mi motivo y quién soy yo.

No es cierto, pero fue algo similar. Mateo se paró y le dijo al padre que él había sido el responsable, así que el cura hizo que le ofreciera disculpas a la monjita. Cuando le iban a dar el castigo, la conciencia me decía que no la debía querer y el corazón me gritaba que sí debía. Entonces, me paré y les dije que yo también había participado.

Obviamente nos castigaron, casi nos prohíben hacer la primera comunión pero llegaron un acuerdo con nuestros papás… teníamos que ayudar con los cuidados de la iglesia hasta que terminara el año. Aunque mi mamá me pegó, fue gracioso mientras duró, aprendí mucho y me acerqué a Jesús.

Y tanto esfuerzo ¿Para qué? si al final esa oblea que nos dieron no sabía a nada, no tenía ni queso ni arequipe ni nada, qué decepción.

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Una sensación llamada “Transmilenio”

Cuando estaba en décimo yo era una pelada emprendedora, que como he dicho en entradas anteriores, se levantaba siempre con toda la energía para sacar adelante la pequeña empresa que por un par de años había ido formando. 

La empresa había ido creciendo de una manera muy bella, mis amigos y yo éramos muy unidos y la pasábamos chévere con la plata fruto de nuestro esfuerzo y dedicación. Pero resulta que en la vida hay personas que odian mucho ver el éxito de los demás y como ellos no pueden conseguirlo buscan acabar con el de la otra gente… una ralea de hijueputas.

Un día, uno de los pelados que trabajaban conmigo me dijo algo que me dejó más fría que silla de paradero de buses:

—Kathe, marica, por ahí están diciendo que la rectora se enteró de que nosotros estamos vendiendo esos visajes en el colegio.

Pues yo me asusté más que cuando mi mamá me decía “En la casa arreglamos”, pero le dije al pelado con toda la tranquilidad posible:

—Relajado que eso son puros chismes. Vemos más bien que tengo clase.

Y entré a clase no sin antes cerciorarme de haber vendido todo lo que tenía en la maleta porque tenía un mal presentimiento, el sexto sentido de los makias.

Estábamos entonces en cálculo sacando derivadas… y por derivadas me refiero a algo como:

Derivadas de hijueputa:

Puta

Hija

Tape

UPJ

Epa (Escuadrón de Protección Ambiental)

 

En fin, el profesor estaba dictando su aburrida clase como todos los jueves mientras nos recordaba una y otra vez que éramos el peor curso del colegio bla bla bla. Mis amigos y yo estábamos jugando carreritas con los esferos y llovía terriblemente. Cuando de repente entra la rectora con dos policías y dice:

—Se me salen todos del salón menos Katherine, YA.

Pues qué susto tan catrehijueputa, casi me orino como el pelado Juanma. Todos se salieron del salón y la rectora llamó a mi mejor amiga de ese entonces, Luisa. Y no se imaginan lo que dijo esa pelada, a quien yo estimaba mucho y jamás en la vida hubiera hecho algo para dañarla. La rectora le preguntó:

—Ahora sí Luisa, cuéntale al señor agente lo que me dijiste hoy, cuéntale que te conocí bailando, cuéntale que soy mejor que él, cuéntale que te traigo loca, cuéntale que no lo quiere ver.

Mentiras, pero sí le dijo a Luisa que le dijera al policía lo que ella sabía, entonces ella respondió:

—Es que ella es mi amiga y todo pero yo no puedo acolitarle esas vainas. Ella vende droga en el colegio y se hace muchísima plata. 

Yo no podía creer lo que decía esa, cómo llamarla… perra hijueputa. Me esperaba eso hasta del señor de las casetas pero de ella jamás. Entonces la rectora le dijo que eso era todo, que se retirara que eso ya era asunto de la policía, mientras yo le gritaba “Luisa, usted es mucha piroba”.

Uno de los policías me dijo que vaciara la maleta y así lo hice. Afortunadamente lo más malo que yo tenía era un Bon Bon Bum a medio comer y una regla que tenía escrito con corrector “El profesor lo chupa rico”, cortesía de mi amigo Mario. Los señores esos dijeron:

—Está limpia.

Y pues eso me dio mucha tranquilidad, el corazón me volvió a latir y empecé de nuevo a respirar… hasta que el policía dice:

—Quítese todo el uniforme, rápido, niña.

Y el otro señor agregó:

—Señora rectora, pálpela usted porque nosotros somos hombres y no podemos.

Yo me sentía terrible pero pues tuve que quitarme la ropa, me quedé sólo en buso y pantaloneta. Me sentía humillada, pisoteada, asustada, vulnerable, enojada y triste… a esa sensación la llamé “Transmilenio”. En fin, se me acercó la rectora y empezó a requisarme. 

La rectora me puso la mano en la cabeza, yo le dije:

—Ay rectora, por ahí no se empieza.

La rectora me puso la mano en la frente y yo le dije:

—Por ahí no se siente.

Bueno, ya en serio, la rectora empezó a requisarme y después de 5 minutos aproximadamente, dijo:

—No tiene nada. 

Yo ahora sí estaba muy tranquila pero me sentía profundamente triste y enojada, entonces le dije a los policías que llamaran a mi mamá, que yo era menor de edad y que eso no se podía hacer, que estaban pasando por encima mío sin tener más pruebas que lo que había dicho una culicagada… ahí les metí terapia. Y sí, llamaron a mi mamá. 

Llegó mi mamá y se reveló, se cansó de lavar y planchar, se convirtió en un fenómeno… y empezaron un proceso con abogados y toda la vaina. Me mandaron a hacer las pruebas de toxicología que salieron bien gracias a las fuerzas divinas y a haber bebido mucha leche y unas cucharaditas de vinagre. Como a los dos meses una amiga le pegó a Luisa como venganza, la empresa se acabó porque me fui del colegio, me cuadré con la rectora y fuimos muy felices.

 

Mentiras, ese día aprendí que no todos merecen el título de “Amigo”, que la rectora me tenía ganas, que ser emprendedor tiene sus contras y que espero nunca más tener que experimentar esa sensación Transmilenio. 

 

 

 

¿Sienten que perdieron su tiempo leyendo esto? tomen Redu Fa Fa, bai. 

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