WHAT THE HELL IS WRONG WITH YOU, MOM?

Hace ya varios años mi familia era hasta bonita. Vivía con mi mamá, mi papá y mi hermanito, y aunque habían problemas y esas cosas normales de la convivencia familiar, éramos felices, pero todo cambió cuando la nación del fuego atacó. Sólo el Avatar, maestro de los cuatro elementos podía detenerlos, pero cuando el mundo más lo necesitaba, desapareció. Después de 10 años, mi hermano y yo encontramos al nuevo Avatar, un maestro Aire llamado Aang. Aunque sus habilidades para controlar el aire eran grandiosas, tenía mucho que aprender antes de poder salvar al mundo… y yo creo que Aang podrá salvarnos.

En fin, a pesar de los problemas familiares normales, vivíamos hasta felices, digo, teníamos lo necesario y pues estábamos juntos que era lo importante. Pero como la vida da más vueltas que un bus del SITP, al poco tiempo las cosas comenzaron a cambiar y mi papá empezó a distanciarse mucho de nosotros… era evidente la tensión incluso cuando nos sentábamos en el comedor a almorzar.

Al cabo de 2 meses o menos, salí del colegio como todos los días y mi mamá llegó a recogerme, se notaba que estaba muy triste, ni siquiera me saludó, sólo cogió mi maleta, me tomó de la mano y empezó a caminar. Yo sólo pensaba “WHAT THE HELL IS WRONG WITH YOU, MOM? ENJOY THE FUCKING LIFE, NIGGA” pero sólo pude decirle:

—Mami, tengo hambre ¿Me puede comprar unas papas?

A lo que ella respondió como cualquier mamá haría en su lugar:

—No moleste, en la casa hay almuerzo.

Seguimos caminando y ella no decía nada. Así que, con todo el entusiasmo del mundo, saqué del bolsillo de mi jardinera una plana que había hecho en el colegio y se la mostré con ánimo de ponerla feliz y le dije:

—Mami, mire, la profe me puso una carita feliz.

Pero ella sólo me dijo, con cara de amargura y sin siquiera tomarse la molestia de ver la hojita, lo siguiente:

—Sí, la felicito, mamita.

Ya resignada a la amargura de mi mamá decidí no volver a decir nada en todo el camino y llegamos a la casa. Entramos, ella dejó mi maleta en el comedor y se acostó a dormir, cosa que nunca hacía. Yo tenía más hambre que un sociólogo pero no le quería decir a mi mamá que me sirviera el almuerzo porque tenía miedo de fallar en el amor. Recuerdo que estaba sonando “De qué tamaño es tu amor” de Héctor Lavoe en la radio de la vecina mientras yo buscaba en los cajones de la cocina un pan para comer mientras se despertaba mi mamá.

A eso de las 8 pm mi mamá se despertó y se paró en la mitad de la cocina a tomarse un tinto que probablemente estaba más amargo que ella porque no había azúcar en el gabinete. Empecé a observarla desde el comedor, estaba mirando fijamente la estufa como pensando en las güevas del gallo y de un momento a otro se puso a llorar. Yo realmente no sabía que hacer, así que empecé a bailar reggaeton con un hipopótamo que estaba usando pestañina. No es cierto, traté de ser indiferente y seguí recortando palabras que comenzaran con “p” para mi tarea.

Mi mamá salió de la cocina y yo le pregunté qué le pasaba. Ella empezó a darle vueltas al asunto para amortiguar el golpe pues. Me dijo:

—Su papi se fue, mamita, pero sumercé sabe que él los quiere mucho y…

La verdad no recuerdo qué más me dijo, sólo sé que nada sé. Mentiras, sólo sé que me puse a llorar de un momento a otro, fue algo muy extraño. El hecho es que las vainas desde ahí cambiaron un montón. Mi mamá duró un tiempo muy triste y repentinamente empezó a mimar a mi hermano más que sus matas, como con el ánimo de llenar sus vacíos, yo qué sé. Yo, bueno, yo me desjuicié bastante, empecé a hacer cosas para llamar la atención y esas bobadas.

Pero siempre fue muy admirable la forma en que mi mamá trató de asumir todo. Ahora que lo pienso pues sí debió ser durísimo para ella estar más triste que una canción de Santiago Cruz, sintiéndose más incomprendida que una canción de Arjona y llegar a la casa a que yo le dijera:

—Mamá, se me quemó el arroz.

Pues debió ser jodido, uno bien vuelto mierda y llegar a la casa a comer arroz quemado, qué cosa tan hijueputa.

Y a pesar de que yo le daba más dolores de cabeza que un hijueputa, a pesar de que quemaba todo lo que cocinaba, a pesar de que yo me quedaba con las vueltas de los mandados, a pesar de que una vez le eché sal al jugo de piña, a pesar de que se me olvidaba bajar la ropa cuando llovía y un montón de cosas que debieron ser muy estresantes para ella, esa mujer siempre estuvo con su makiabilidad al máximo y tratando de tener todo bajo control. Es que mi vieja, pelados, esa mujer lo es todo… puede que no sea la mamá más guasa del mundo pero pues sí es lo más bonito de mi vida.

Yo sé que ustedes están acostumbrados a leer otro tipo de cosas en este blog pero no podía dejar pasar el cumpleaños de mi vieja. Hoy estoy un poquito lejos de ella y sé que no va a leer jamás esto y espero que así sea porque supongo que dirá algo como:

—¿A usted qué le pasa, india asquerosa? ventilando la vida de una por ahí en esa interné.

Pero sí quería contarles eso porque no tengo amigos y porque hace mucho no venía por aquí. Qué pena quitarles el tiempo pero nadie los obligó a leer esto.

 

Y sí, tengo sentimientos, hijueputas.

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16 thoughts on “WHAT THE HELL IS WRONG WITH YOU, MOM?

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