Sumercé, esto es Tibirita.

Ayer 28 de junio del 2014, la Selección Colombia nos dio una alegría inmensa a todos los colombianos al ganar frente a Uruguay clasificando así a cuartos de final de la Copa del Mundo. El país se emocionó cual fea que es sacada a bailar por primera vez, fue algo bello y ante esta felicidad no hubo ley seca que valiera.

Estaba entonces yo en Bogotá más feliz que Neymar estrenando piscina, gracias al triunfo de la selección, pero como diría Frida Kahlo “Eso a palo seco no aguanta”, así que empecé a tomar con unos compañeros de la Universidad porque fuck the system, el punk vive en nuestros corazones. A eso de las 11:00 pm, ya habíamos alcanzado ese sublime estado del entone y pues se pasó bueno, pa’ qué les digo que no si sí.

Pero como no todo en la vida es recocha, alegría, diversión y entone. Como no todo es “sí sí Colombia, sí sí Caribe”, yo debía madrugar a viajar a Medellín por unas vainas del trabajo. Bueno, eso no es nada del otro mundo, el problema es que yo a eso de las 4 am ya estaba ebria y estaba pensando seriamente en llamar a mi papá a recordarle lo perro hijueputa que es o a mi mamá a ofrecerle disculpas por haber sido tan desconsiderada con ella hace ya varios años. En fin, la cabeza me daba más vueltas que la vida y ya empezaba a vomitar patriotismo. Sin embargo debía irme o de lo contrario me echarían del trabajo.

Como pude le dije a los pelados con quienes estaba tomando que debía irme. Uno de ellos es un niño lo más de casita, mimadito como él sólo, ese pelado no hace nada malo, es lo más amable del mundo y era el único que estaba sobrio. Él me dijo:

—Kathe, camine yo la llevo porque me da vaina dejarla por ahí en ese estado.

Ah se me olvidaba, el pelado tiene carro, pero como yo no soy gasolinera porque a mí me enseñaron que uno no debe aprovecharse de los demás porque ellos se han jodido para conseguir sus cosas y como dijo mi mamá alguna vez después de haber notado que yo me metía con una niña porque tenía severo triciclo (Estaba re engallado, era una chimba), “Mamita, sumercé no tiene por qué meterse con alguien por las cosas que tiene sino por quien es realmente. La gente interesada se hace coger fastidio”. En fin, el hecho es que yo le dije al pelado:

—No, Alejandro, tan bobo, cómo se le ocurre, yo estoy bien.

“Yo estoy bien” ni qué hijueputas, apenas si podía recordar la dirección de mi casa (P. Sherman, calle Wallaby Way 42, Sydney) pero pues no tenía sentido hacerle saber lo mal que estaba aunque era consciente de que se me notaba a leguas que estaba en la inmunda. Entonces Alejandro me dijo:

—No se preocupe, tan boba, es que yo también voy para Medellín. Pensaba irme más tarde pero ya que usted va para allá pues podemos irnos los dos.

Aún no me gustaba la idea porque era evidente que él no debía ir a Medellín y le dije que mejor no, que me daba pena. Y me fui. Obviamente estaba más perdida que mi papá con la cuota alimentaria y no sé cómo pero terminé en una flota rumbo a sabrá Dios donde. El hecho es que me subí y me quedé dormida.

Como a las dos horas me despertó la señora de la silla de al lado y me dijo que ya habíamos llegado. Yo me dije a mí misma “Virgen santa, o el viaje estuvo muy cortico o dormí como por 30 años Grisales” y me bajé. El frío que sentí al bajarme del bus me hizo saber que eso bien podría ser Canadá pero Medellín ni por las curvas. Se podría decir que yo ya estaba sobria pero seguía igual de perdida así que le pregunté a un señor  por el nombre del sitio donde estaba y me dijo “Sumercé, esto es Tibirita”.

Y aquí empecé a decir groserías en mi mente como este pelado tuitero que saca la lengua todo el tiempo. Llamé al jefe y le dije que se me había presentado un inconveniente y que lo más probable era que no alcanzara a llegar hoy. Después de un regaño como de 10 minutos del cual sólo entendí el “Pues será esperar a la señorita porque qué se hace, que no se repita. Estamos hablando”, comencé a plantear bien la situación haciendo un análisis muy profundo:

1. Estoy en Tibirita.

2. No estoy en Medellín.

3. Where’s Tibirita? Where’s the love?

4. ¿Quién pudiera tener la dicha que tiene el gallo?

5. Jefe triplehijueputa.

6. Le hubiera dicho que sí a Alejandro.

7. Alejandro, Alejandro. Ale Alejandro, Ale Alejandro (8)

8. Ya qué.

9. Tengo hambre.

10. Ya estoy aquí, ya qué puedo hacer.

11. Vamos a conocer Tibirita, qué hijueputas.

 

Y me dispuse a caminar en busca de nuevas aventuras y por “nuevas aventuras” me refiero a un restaurante para comer tamal con chocolate o caldo de costilla con huevos al gusto. Y lo encontré. Desayuné y medité.

Resulta que ese restaurante es muy kul porque al mismo tiempo es un chucito pa’ beber, jugar boli-rana y tejo. Como ya no había nada que perder compré un par de cervezas y empecé a reflexionar sobre mi vida. En ese momento se me acercó un viejito muy amable con una de Néctar y empezó a hacerme la charla. El señor era muy versátil en cuanto a temas, hablamos de lo makia que está jugando Holanda, de lo calidoso que es el pelado James, de lo hijueputas que son los políticos colombianos, de la situación de Venezuela, de las nalgas de Jessica Cediel, de las tetas de Catalina Gómez, la makiabilidad de Nairo Quintana y del amor.

Duramos hablando un montón de tiempo y cuando nos dimos cuenta ya era la hora del almuerzo. Almorzamos aunque yo no quería porque no tenía hambre pero tuve que hacerlo porque él me dijo:

—Mija, tiene que comer porque le da la pálida y me la cobran como nueva.

Seguimos hablando y llegamos al tema del amor. Él me contó un poco sobre sus 8 hijos, su mujer, su familia en general y sus pasatiempos. Todo esto mientras sonaba de fondo la música más sublime de Jhon Alex Castaño, Eddie Santiago, El Charrito Negro, Luis Alberto Posada, Jjimmy Gutiérrez, Jhonny Rivera, Los Inquietos, en fin.

Y llegó mi turno de hablar del amor. Eh Ave María, yo ya estaba entonada otra vez y empecé a contarle un montón de cosas a Don Alfredo. De tanto que hablamos me di cuenta de que ando en una tusa la más doblehijueputa pero esas no son penas. El viejito me dijo:

— Bueno, mija, muy bonito hablar con usted pero mi mujer se pone brava si no llego temprano a la casa y me pone a hacer el almuerzo mañana. Tenga cuidado y no sufra por esos zánganos que esos sí que abundan.

 

Pedimos la cuenta, miti-miti, él se fue pa’ su “Ranchito” y yo volví a Bogotá because this is the life, nigga.

 

Qué pena quitarles el tiempo pero nadie los obligó a leer esta mierda, lo lamento mucho. Podeís ir en paz, perritos.

 

Yepes los ama.

 

 

 

 

 

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4 thoughts on “Sumercé, esto es Tibirita.

  1. karol real dice:

    *_* amo tus historias osea no tienes ningun sitio aparte de este para seguirte
    me encanta todo lo que escribes y de la manera en que lo haces me enamore *.*
    okey no
    solo hazme saber para seguirte en algun otro lado fb instagram dame tu wasap! ahahhahahaha
    sigue sigue sigue osh si sigue haciendo mas historias

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