Con todo respeto, reina.

Hoy a las 6 y pico de la tarde, estaba yo esperando un bus en la primera de mayo con décima, lugar en el que resulté por razones desconocidas de la vida. Resulta que a esa hora no hay mucha gente ahí y la poca que hay no es muy bonita a la vista.

En fin, estaba esperando el bus y ese miserable nada que pasaba, estaba pensando seriamente en “pedirle puerta”, como diría Sócrates, a unos señores de un lavadero aledaño. Empezó a llover y me dio alegría porque sabía que mis lágrimas se iban a confundir con la lluvia… pero bueno, eso no viene al caso.

De un momento a otro escuché la melodiosa voz de un joven, quien se me acercó y me dijo lo siguiente con toda la sutileza del mundo:

—Mona, es que mire que voy para Suba y era para saber si sumercé me puede ayudar con 100, 200, 500 pesitos pa’l bus.

El pelado vestía 1 bella camiseta – Millonarios 0. Bueno, más o menos, vestía una camiseta de Millonarios y unos lentes completamente transparentes muy sofisticados los cuales llevaba puestos detrás de una llamativa gorra de los Lakers. En fin, yo le respondí de la manera más amable, como siempre, le dije:

—Pelado, no tengo plata.

Pero el caballero muy insistente y perseverante replicó:

—Bueno, ya que no porta las lks, deme la hora, todo bien.

Así que yo le dije:

—Paila, no tengo reloj, mire (Le mostré mi muñeca)

Pero este apuesto joven seguía insistiendo y de una manera muy respetuosa y cálida, me dijo:

—Con todo respeto, reina ¿Se deja hacer una pequeña requisa?

Yo ya estaba mareada, queridos hermanos y le dije lo siguiente tratando de sonar amigable:

—Socio, a lo bien no tengo nada.

Pero él insistía, era admirable su perseverancia, esa es la gente que necesita este país, jueputa vida… y me dijo algo que probablemente es lo más bello que me ha dicho alguien:

—Reinita, ¿Se las va a hacer pegar?

… Mientras me mostraba un artefacto bien interesante que aquí solemos llamar “cabra”… este artilugio, para que se hagan una idea mental, era similar al cuchillo que utilizan nuestras madres para cortar el aguacate, la cebolla, el tomate y esas cosas deliciosas que nos encantan. En fin, él continuó:

—Nada de gritar,  mi amor (muy cariñoso el tipo, de hecho llegué a pensar en nuestro posible matrimonio) le repito ¿Se deja hacer una requisita o se las hace pegar y se aguanta?

Yo ya estaba paniqueada, debo admitirlo y aunque su propuesta de enterrarme un cuchillo de cocina en el costado derecho, muy probablemente (acabando con mi vida en el mejor de los casos) sonaba tentadora, yo soy masoquista y me gusta comer mierda en la vida así que no quería morir. El hecho es que le dije:

—Socio, venga no me perjudique, a lo bien no tengo nada. Si tuviera algo, usted sabe que todo bien (Sí, claro).

Aquel ser de luz se quedó mirándome fíjamente con sus ojos rojos de tanto leer, supongo, e inesperadamente comenzó a llorar. En el Instituto Triángulo nunca me enseñaron cómo reaccionar ante un caso de estos, así que me quedé quieta y sorprendida. Mientras tanto el joven comenzó a contarme sus problemas familiares y sus complejos adolescentes, pero en resumidas cuentas me dijo algo como:

—Mona, vea, yo no soy una mala persona. Esta es la única forma que tengo para sobrevivir, perdóneme.

Yo pensaba “Claro, doblehijueputa, ya lo perdono, rata malparida”, pero realmente me dio pesar y actúe de una manera muy al estilo de “Severa flor tropical”. Puse mi mano en su hombro y le dije:

—Todo bien, pelado, no llore. Yo lo entiendo…

Pero eso no fue todo, amigos, hice algo muy bobo LE DI UN CHOCORAMO QUE LLEVABA EN EL BOLSO ¿PUEDEN CREERLO? CREO QUE TENGO EL CIELO GANADO.  En fin, el pelado aparentemente agradecido, me dijo:

—Reina, venga la espero a que coja el bus pa’ que no la roben.

PA’ QUE NO LA ROBEN PA’ QUE NO LA RO BEN P A ‘ Q U E N O L A R O B E N, irónico pero amable de parte del pelado. Yo no sabía qué hacer, tenía miedo de fallar en el amor pero pues no podía hacer nada. El príncipe azul, por aquello de Millonarios, efectivamente esperó a que cogiera el bus y antes de subirme me dijo:

—La buena, mona, tenga cuidado por ahí.

Y aquí quiero que nos tomemos de las manos y digamos juntos: AAAAAAAWWWWWWWW

En fin, nos despedimos y como dijo Andrea, pa’ sus casas gonorreas.

 

 

 

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