Bibir la bida lok, madafaca.

A la tierna edad de 12 años, mi única preocupación era pasar las materias con 6 porque como dicen por ahí “6 es nota y de ahí pa’ arriba es lujo”. Mi mayor responsabilidad era ejercer el voto para elegir al personero estudiantil. Sólo le guardaba rencor a mi prima mayor porque me heredaba esa ropa asquerosa y sin estilo y mi mayor afición era jugar maquinitas a la salida del colegio. A esa edad era yo una pelada sana… pero a nivel espiritual y mental porque si de salud hablamos, ay mijito, deje así.

Un día, por designio de la vida y las fuerzas superiores, terminé en un hospital por exceso de makiabilidad. Estuve una semana un toque enferma pero siempre con actitud positiva y con ganas de salir de aquel recinto a ser campeona mundial de “Coca” (Si sumercé es de otro país, coca es como llamamos aquí a un juguete-artefacto muy guasa con el que usted se divierte un montón, no es nada de esas cosas malas que nos atribuyen a nosotros los colombianos).

Duré casi un mes hospitalizada en ese hueco. Yo creo que comen mejor en La Modelo, Ave María, comida pa’ fea la que daban allá, mano. Eso era como comer sextuitera, cuando es necesario uno se la come pero con asco. En fin, espero que quedara claro que la comida no era rica en ese centro de salud. Estaba cansada, aburrida, triste y con ganas de salir de ese lugar.

Mi mamá trataba de visitarme lo más seguido posible pero, como diría Bartolomé de las Casas “El que no trabaja no come, padre”, mi mami iba día de por medio porque no podía dejar su puesto de trabajo todo el tiempo. Obviamente eso ponía triste y preocupaba a mi mamá pero yo me hacía la valiente dándole fuerza con frases inspiradoras a lo Jorge Duque Linares Style, tales como: “TÚ TRANQUILA”, “Dont worry be happy because esas no son penas, viejita”, “Yerba mala nunca muere, ma’re”, entre otras.

Luego de casi un mes metida en ese lugar, el doctor me dio salida. Fue algo muy hermoso, eso sonó de fondo la canción de la Champions y toda la cosa. En fin, debía ir a bañarme para salir de nuevo a bibir la bida lok, madafaca.

El baño de la habitación donde yo me había quedado esas semanas estaba ocupado, así que la enfermera me dijo que fuera al baño que estaba en el pasillo y así lo hice. Entré y habían tres “cubículos”, por así llamarlos. Entré a uno de ellos y empecé a bañarme, todo perfecto hasta ahí. De un momento a otro sentí en la ducha vecina un tiestazo contra la pared, me imaginé que alguien se había caído así que me puse la ropa tan rápido como me fue posible y abrí la puerta de ese cubículo con la intención de ayudar.

 

Y      Q U É    S O R P R E S A   V I R G E N    S A N T Í S I M A   S E Ñ O R     J E S Ú S

 

Resulta que había una pareja de adolescentes enamorados, de esos que viven la vida al extremo y creen que pueden mantener a un niño aunque no tengan ni para comprar un condón. No sé si estaban teniendo sexo en exceso y en el proceso me pide un beso, pero lo que sí me quedó claro fue que se estaban besando de una manera tan salvaje que eso iba a terminar en culeada fija con el permiso de Dios. A ese pelado se le notaba en la mirada que quería darle como a pandereta de evangélico a la joven.

Yo grité  y los sujetos se asustaron, la pelada medio se arregló el cabello, el caballero se quedó mirándome como si la que estuviera pichando en un baño de hospital hubiera sido yo y me dijo:

—¡CUIDADO GOLPEA, NIÑA!

AH CLARO, SALÍ A DEBERLES PICHONES HIJUEPUTAS, qué desfachatez a lo bien esos jóvenes contemporáneos, se perdió el respeto, ¿Dónde quedaron los valores que nuestras responsables abuelitas madres de más de 17 hijos nos inculcaron? Unos sinvergüenza esos adolescentes.

El hecho es que ese día salí muy traumada de ese hospital y ahora cada vez que entro al baño de algún centro de salud me aseguró de llevar una cámara y guardo la esperanza de volver a ser testigo de una escena tan pintoresca como la de aquel día.

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Pequeños empresarios, víctimas del castrochavismo

Transcurría el año 2008, esa época dorada en la que todo era más bello y uno ahogaba las penas en chamber. Un año en el que mi única preocupación era ganar plata en cinco huecos para pagar la hora de billar. Sí, esa época en la que uno no entraba a clase por ponerse a improvisar en el corredor del colegio… eh tiempos aquellos, ala.

En gestión empresarial nos enseñaron a ser personas emprendedoras que siempre buscaban la superación a nivel académico y laboral. Por este motivo, mi grupo de amigos y yo empezamos nuestra propia empresa, algo humilde pero hasta bonita. Resulta que vendíamos popper y dick. Normal.

Éramos pelados muy responsables, guapachosos, descomplicados, amigables y makias. Mi mamá decía que éramos unas “caspas” pero en mi humilde opinión, éramos más que un grupo de caspas, éramos una familia.

Nuestra empresa iba creciendo a pasos agigantados, tanto así que hasta el personero nos compraba, motivo por el cual estábamos pensando seriamente en ampliar nuestro campo de acción enriqueciendo nuestra microempresa con nuevos productos. Así que empezamos a vender más cosas.

Resulta que un día, unos miserables vándalos faltos del sentido de pertenencia por la institución educativa hicieron algo vil dentro de las instalaciones, algo despreciable, imperdonable e indigno. Le robaron el celular a un profesor. Eh chinos berracos esos, eso lo que les faltaba era una juetera la más macha pa’ que se ajuiciaran, ala.

El hecho es que el coordinador del colegio tomó una decisión no muy favorable para los pequeños empresarios como nosotros y para esas ratas hijueputas que se le achacaron el celuco al profesor, por decirlo en términos más coloquiales. Decidieron requisar a toda la gente del colegio antes de salir de la jornada académica.

En descanso el rumor de la requisa se extendió por todo el plantel educativo y nosotros muy preocupados por la mercancía que cargábamos en nuestras maletas, empezamos a buscar la manera de ocultarla. Aquí nuestra discusión, con nombres, las posiciones de cuando jugábamos micro y alguna característica de cada uno.

—”Agh chinos hijueputas esos que se robaron ese marica celular”, dijo el menor, Juancho, jugaba de lateral izquierdo y lo recogía el abuelito todos los días pa’ que no cogiera malas mañas.

—”Sisas, se pegan de una flecha”, dijo Mauricio, jugaba de lateral derecho y tenía un hermano que aguantaba finca.

—”Sí y el problema es que eso nos afecta mucho porque al ser una comunidad educativa lo que suceda a nuestro alrededor va a tener repercusión en todos”, dije yo muy diplomática siempre, aunque mis amigos dicen que lo que yo realmente dije fue “Vida hijueputa, nos toca esconder esa mierda porque nos joden, marica y no aguanta perder la plata que le metimos a esa vaina”, pero la verdad pienso que es mentira. En fin…

—”Parce, pero es que no tenemos tiempo para esconder eso”, dijo Maicol, era arquero y le robaba las onces a los niños de tercero.

—”Marica, nos tocó asumir las vainas, qué hijueputas”, dijo el mayor de todos, Nicolás, el más sabio, jugaba de volante central y tenía una maleta negra la cual habíamos marcado con corrector en una tarde de recocha con un “Me gustan los penes”.

 

Entramos a clase, pasó el coordinador con el profesor de física y empezaron a pasar puesto por puesto a revisar maletas. Nosotros estábamos muy asustados pero como diría Gabriel García Márquez “Todos somos inocentes hasta que se compruebe lo contrario, gonorrea ome gonorrea”, así que tratamos de mantener la calma. Obviamente nos encontraron una cantidad de cosas de nuestra empresa y pues nos llevaron a coordinación. La orientadora nos dio horrendo sermón de las 7 palabras y llamaron a nuestros papás. Nos decomisaron todo y tomaron una decisión terrible… nos suspendieron por dos semanas.

No nos echaron dizque porque no tenían pruebas de que estábamos vendiendo entonces relajados. Pero, virgen santísima, en la casa mi mamá me pegó con un cable hasta que vio que empecé a dudar de la existencia de Dios y empecé a negarla como madre, qué golpiza tan sapa hijueputa, disculparán la expresión pero qué gonorrea el nivel de mi mamá.

Eso sí, durante esas dos semanas mi querida madre se encargó de hacerme la vida imposible, no me dejaba salir, me levantaba a las 6 am a regarle las matas (siempre las ha querido más que a mí), a hacer el desayuno y todos los oficios habidos y por haber. ESO ERA EXPLOTACIÓN INFANTIL ¿CÓMO PODÍA MI MAMÁ SER ASÍ CON ESTE SER DE LUZ? Me sentía víctima del castrochavismo, todo fue muy confuso, pero bueno.

En menos de nada ya estaba de nuevo en el colegio con mis amigos pensando en crear empresa de nuevo, con el emprendimiento que caracteriza a la gente colombiana, jijuepuerca.

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Pues no se pierde mucho.

Cuando era pequeña estudiaba en el mismo colegio con mi hermano y mi prima, por aquello de la unión familiar… y porque era el colegio más barato de la zona, claro. Mi hermano tenía 9 años, mi prima 6 y este ser de luz 11 añitos.

Una bella tarde de Abril, como siempre, salimos de estudiar a las 6:30 pm. Yo, la mayor de los tres, era responsable de la vida y el bienestar de cada uno de nosotros… yo era como Dios pero pobre, pequeña, sin poder sobre el mundo y sin creyentes que dieran plata por mí, simplemente era la que cuidaba a ese par de “caspitas”, como diría el Papa Francisco.

En fin, ese día salimos del colegio como todos los días, yo tomé en una mano a mi primita y en la otra a mi hermano y emprendimos nuestro camino hacia casa. Pero la vida no quería eso para nosotros, así que envió a un niño a que me dijera algo que cambiaría por completo el rumbo de nuestra existencia. El niño, quien era compañero mío, me dijo:

—Kathe ¿Vamos a echar un pica’ito?

A lo que respondí, después de meditar la propuesta, lo siguiente:

—No, es que se nos hace tarde y mi mamá se pone brava porque ya debe tener la comida lista.

Pero mi compañero hizo aún más tentadora la propuesta, agregando un:

—Ash, le regalo la carta de Gokú en fase 3, es que nos falta un jugados. Hágale.

Y pues ante eso hasta Luis Fonsi se da por vencido, así que acepté. Sin embargo, yo estaba con mi hermano y mi prima y no los podía dejar solos. Entonces le comenté la situación a Nicolás, mi compañerito y él me dio la solución:

—No importa, vea, cómpreles un BonIce y que se lo coman mientras nosotros jugamos.

Y así fue, le compramos los BonIce a los niños, los sentamos en una banquita del parque (No sé cómo se pudieron comer ese BonIce en ese frío tan hijueputa que hace a esa hora en mi bella Bogotá) y comenzamos a jugar.

A eso de las 7:00 pm se acabó el primer tiempo, así que fui hacia donde estaban mis discípulos, pero sólo estaba mi primita. Entonces yo le pregunté a ella por mi hermano y me respondió de manera muy enredada… era como hablar con Navarro Wolf. En fin, me dijo que se había distraído comiéndose el BonIce y no sabía dónde estaba mi hermano. Lo busqué por todo el parque y no lo encontré, empecé a preocuparme.

Le dije a los niños con los que estaba jugando lo que sucedía, entonces ellos me ayudaron a buscar por los lados del colegio pero no encontrábamos a mi hermano. Y como buenos morideros que eran esos culicagados, se fueron dizque porque los regañaban en la casa. Así que me quedé sola con la niña a eso de las 7:15 pm en un parque al que ya estaban llegando hinchas de Santa Fe a pegarlo al son de los Pibes Chorros.

Yo ya estaba preocupadísima y mi prima empezó a llorar porque tenía sueño, era una vaina angustiante. Así que tomé la decisión de recorrer todo el barrio preguntándole a la gente por un niño “flaquito, bajito, monito, blanquito, cachetonsito, con una maleta de las Tortugas Ninja…”. Y NADA, MALDITA SEA, NADIE HABÍA VISTO A ESE LANGARUTO.

A eso de las 8:00 pm entré en pánico, empecé a llorar y a resignarme al hecho de volver a la casa con un integrante menos, tardísimo, a darle explicaciones a mi mamá, entre otras cosas. Y empecé a mirar la forma en que le iba a decir a mi mamá lo sucedido, estas eran mis opciones:

 

a) Mamá ¿Qué es flaquito, bajito, monito, blanquito, cachetonsito, con una maleta de las Tortugas Ninja, salió de su vientre y se me perdió en un parque hace un par de horas?

b) Mamá, mi hermano se fue del país porque sentía que usted no le brindaba el amor que él necesitaba.

c) Un loco se llevó a mi hermano en un costal por no haberse comido la fruta de las onces.

d) No encuentro a mi hermano, pero pues no se pierde mucho.

 

El hecho es que llegué a la casa derrotada, llorando, con mi prima, sin mi hermano, con severa hambre y sin la carta de Gokú en fase 3… la vida siempre ha sido muy cruel conmigo. Golpeé y abrió mi mamá, bravísima por mi hora de llegada. Me regañó y mientras lo hacía me fui de valiente pensando “Será decirle la verdad, ya qué hijueputas, si no me pegan por llegar tarde me pegan por perder a mi hermano”, entonces exclamé:

 

—MAMÁ, NO ENCONTRAMOS A SEBASTIÁN, SE PERDIÓ.

 

Mi mamá se quedó mirándome con odio y me dijo:

—Deje la bobada, su hermano llegó hace como media hora porque a la señorita le dio por quedarse jugando y el niño tenía chichí. Vea, Katherine, india asquerosa, vaya y se quita ese uniforme antes de que le volteé ese mascadero por irresponsable.

QUÉ FRESQUITO, QUERIDOS HERMANOS. Aunque tenía ganas de matar a mi hermano, me alegró que estuviera bien… pero lo que más me duele es que ese día mi mamá nos tenía de comida sopa de avena y jugo de tomate de árbol, eh vida hijueputa la mía.

 

 

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Con todo respeto, reina.

Hoy a las 6 y pico de la tarde, estaba yo esperando un bus en la primera de mayo con décima, lugar en el que resulté por razones desconocidas de la vida. Resulta que a esa hora no hay mucha gente ahí y la poca que hay no es muy bonita a la vista.

En fin, estaba esperando el bus y ese miserable nada que pasaba, estaba pensando seriamente en “pedirle puerta”, como diría Sócrates, a unos señores de un lavadero aledaño. Empezó a llover y me dio alegría porque sabía que mis lágrimas se iban a confundir con la lluvia… pero bueno, eso no viene al caso.

De un momento a otro escuché la melodiosa voz de un joven, quien se me acercó y me dijo lo siguiente con toda la sutileza del mundo:

—Mona, es que mire que voy para Suba y era para saber si sumercé me puede ayudar con 100, 200, 500 pesitos pa’l bus.

El pelado vestía 1 bella camiseta – Millonarios 0. Bueno, más o menos, vestía una camiseta de Millonarios y unos lentes completamente transparentes muy sofisticados los cuales llevaba puestos detrás de una llamativa gorra de los Lakers. En fin, yo le respondí de la manera más amable, como siempre, le dije:

—Pelado, no tengo plata.

Pero el caballero muy insistente y perseverante replicó:

—Bueno, ya que no porta las lks, deme la hora, todo bien.

Así que yo le dije:

—Paila, no tengo reloj, mire (Le mostré mi muñeca)

Pero este apuesto joven seguía insistiendo y de una manera muy respetuosa y cálida, me dijo:

—Con todo respeto, reina ¿Se deja hacer una pequeña requisa?

Yo ya estaba mareada, queridos hermanos y le dije lo siguiente tratando de sonar amigable:

—Socio, a lo bien no tengo nada.

Pero él insistía, era admirable su perseverancia, esa es la gente que necesita este país, jueputa vida… y me dijo algo que probablemente es lo más bello que me ha dicho alguien:

—Reinita, ¿Se las va a hacer pegar?

… Mientras me mostraba un artefacto bien interesante que aquí solemos llamar “cabra”… este artilugio, para que se hagan una idea mental, era similar al cuchillo que utilizan nuestras madres para cortar el aguacate, la cebolla, el tomate y esas cosas deliciosas que nos encantan. En fin, él continuó:

—Nada de gritar,  mi amor (muy cariñoso el tipo, de hecho llegué a pensar en nuestro posible matrimonio) le repito ¿Se deja hacer una requisita o se las hace pegar y se aguanta?

Yo ya estaba paniqueada, debo admitirlo y aunque su propuesta de enterrarme un cuchillo de cocina en el costado derecho, muy probablemente (acabando con mi vida en el mejor de los casos) sonaba tentadora, yo soy masoquista y me gusta comer mierda en la vida así que no quería morir. El hecho es que le dije:

—Socio, venga no me perjudique, a lo bien no tengo nada. Si tuviera algo, usted sabe que todo bien (Sí, claro).

Aquel ser de luz se quedó mirándome fíjamente con sus ojos rojos de tanto leer, supongo, e inesperadamente comenzó a llorar. En el Instituto Triángulo nunca me enseñaron cómo reaccionar ante un caso de estos, así que me quedé quieta y sorprendida. Mientras tanto el joven comenzó a contarme sus problemas familiares y sus complejos adolescentes, pero en resumidas cuentas me dijo algo como:

—Mona, vea, yo no soy una mala persona. Esta es la única forma que tengo para sobrevivir, perdóneme.

Yo pensaba “Claro, doblehijueputa, ya lo perdono, rata malparida”, pero realmente me dio pesar y actúe de una manera muy al estilo de “Severa flor tropical”. Puse mi mano en su hombro y le dije:

—Todo bien, pelado, no llore. Yo lo entiendo…

Pero eso no fue todo, amigos, hice algo muy bobo LE DI UN CHOCORAMO QUE LLEVABA EN EL BOLSO ¿PUEDEN CREERLO? CREO QUE TENGO EL CIELO GANADO.  En fin, el pelado aparentemente agradecido, me dijo:

—Reina, venga la espero a que coja el bus pa’ que no la roben.

PA’ QUE NO LA ROBEN PA’ QUE NO LA RO BEN P A ‘ Q U E N O L A R O B E N, irónico pero amable de parte del pelado. Yo no sabía qué hacer, tenía miedo de fallar en el amor pero pues no podía hacer nada. El príncipe azul, por aquello de Millonarios, efectivamente esperó a que cogiera el bus y antes de subirme me dijo:

—La buena, mona, tenga cuidado por ahí.

Y aquí quiero que nos tomemos de las manos y digamos juntos: AAAAAAAWWWWWWWW

En fin, nos despedimos y como dijo Andrea, pa’ sus casas gonorreas.

 

 

 

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Dios le pague

Hace aproximadamente 3 meses, a eso de las 4 pm me dirigía al barrio la Serena en Bogotá a hacer un trabajo con un compañero, o a culear, lo que resultara primero. En fin, ese día yo estaba más triste que una tortuguita entrando la ropa mientras llueve y cuando yo estoy triste soy más despistada de lo normal.

Iba yo en el Transmilenio hacia la estación de Granja Carrera 77, era tal mi tristeza ese día que en el trayecto alcancé a componer 5 canciones para un posible nuevo álbum de Santiago Cruz… era una vaina terrible.

Me bajé del Transmilenio cabizbaja y meditabunda. Caminé hasta el otro extremo de la estación, crucé el puente y me dispuse a esperar un alimentador que dijera “Serena-Cerezos”. Pasó y me subí, debía bajarme en la quinta parada así que iba relajada.

Era tiempo de bajarme y así lo hice, pero ese lugar no lo conocía, nunca había estado ahí… tenía miedo de fallar en el amor; así que miré de nuevo el letrero que tenía ese Alimentador y qué sorpresa me llevé. ESE HIJUEPUTA ALIMENTADOR DECÍA “SUBA RINCÓN”.

Así es, este ser de luz estaba en la bellísima mierda, triste, con severa gurbia, sin un hijueputa peso, sin minutos para llamar a mi compañero y llorando en posición fetal en la mitad de la calle. Le pregunté a un señor que estaba en la puerta de un billar por el nombre exacto del lugar en donde estaba y le comenté lo que me había pasado, el tipo me respondió y me dijo lo siguiente:

—Reina, hagamos una cosa. Juguemos un chico de tres bandas, si usted me gana le doy pa’ que se devuelva pa’ su casa en taxi. Si yo le gano, usted me paga 20 mil pesos como para bajar bandera hoy porque ha estado solo.

Teniendo en cuenta que no tenía un peso, no sabía dónde estaba, ya eran las 6 pm y que yo juego más o menos, reflexioné mucho y traté de tomar la decisión más madura y acertada, le dije “Breves”.

Comenzamos a jugar y déjenme decirles que qué cuchito marica pa’ teso, yo estaba asustada porque sabía que ese señor me iba a ganar y yo no tenía pa’ pagarle.

En fin, a pesar de que ese señor era muy makia, el chico iba parejo… pero como era de esperarse me ganó. El señor se quedó mirándome y me dijo:

—Quien ve al pollo y lo que pica… reina, sumercé juega bien pero pues no le puede enseñar a su papá a hacer hijos. Le tocó pagar.

AYYY “LE TOCÓ PAGAR” esas tres palabras me dejaron quieta, no sabía qué hacer, ya estaba pensando en que iba a tener que casarme con ese señor, cuidar a nuestros tres hijos a quienes íbamos llamar Rigoberto, Millos Falcao y Jhoan Cristiano, para saldar la deuda con ese señor.  Pero como no tenía nada que perder, le dije:

—Que Dios le pague porque yo no tengo ni un hijueputa peso JAJAJA

Ese señor se quedó serio, tenía cara de que quería matarme, QUÉ SUSTO TAN HIJUEPUTA. Pasaron como 10 segundos en un silencio terrible… yo ya estaba pensando en mandarle a mi hermano una nota de voz con mi testamento. Pero entonces el señor dejó la seriedad, soltó una carcajada y me dijo:

—JAJAJA China marica JAJAJAJAJAJA Deje así y tome más bien váyase pa’ la casa que ya está tarde…

Me rotó 15 lks, nos despedimos y como dijo Mickey Mouse, cada uno pa’ su house.

 

 

 

 

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