¡AMÁÁÁÁÁ, EL CUMPLEAÑOS DE LA NIÑA!

Todo niño de 8 años espera tener una fiesta de cumpleaños con piñata, helado, torta, obleas, tortugas, perritos, piscina de pelotas y esas cosas maricas que sólo pasan en las películas de Daniel el Travieso. Y sí, muy bonito todo, pero una nacida en Colombia en el seno de una familia humilde (por fortuna mi mamá no es rola porque en ese caso ni seno hubiera tenido), le tocaba conformarse con comer arroz con pollo de almuerzo y si le hacían piñata, era usted una pudiente hijueputa.

En fin, hace ya tiempito, este ser de luz que les escribe tanta pendejada a diario, cumplía sus 8 años… 8 años de comer mierda pero bien vividos, pa’ qué. Resulta que mi querida madre a duras penas se acuerda de que tiene hijos, así que olvidó que ese día hace muchos yo le había dejado la panza llena de estrías.

Desde que me levanté empecé a imaginar la cantidad de cosas maravillosas que mi mamá ese día me haría con el ánimo de celebrar mis 2920 días de vida, qué piroba tan boba e ilusa.

Me fui para el colegio y nada, mi mamá no me dijo nada más que “Apúrese que va a llegar tarde al colegio y si no la dejan entrar le quito esas maricas piquis que por eso es que va tarde”, muy cariñosa conmigo como siempre.

Ya en el colegio ninguno de mis compañeros me deseó feliz cumpleaños, y eso que yo estaba en el mural del salón de “Fechas especiales”… malparidos esos, por eso me tocaba robarles las onces cuando estaban despistados. Y así pasé el día, sumida en la tristeza y la decepción total mientras jugaba cinco huecos con esos traicioneros hijueputas que se hacían llamar mis amigos.

Llegué a la casa aún con la esperanza de que me tuvieran por lo menos un brazo de reina con Coca-Cola y nada, tacaños hijueputas. En ese momento sólo pensaba “Esas no son penas, Katherine”.

A eso de las 7 pm estábamos comiendo, mi hermano, mi abuelita, mi mamá y yo… nunca me había tomado la sopa de arroz con tal amargura, qué tristeza, a lo bien. Estaba entonces yo cuchareando con odio cuando mi mamá y mi abuelita comenzaron a hablar:

-Mamá ¿Cuándo toca pagar el recibo?

-El 27, mija.

-Ah, mañana… me toca completar esa platMAMÁ, EL CUMPLEAÑOS DE LA NIÑA ERA HOY.

 

Mi mamá se abalanzó sobre mí y me decía: “Feliz cumpleaños, mi amor, yo sí me había acordado pero es que con tantas cosas…”

A lo que yo respondí: “No importa, hasta a mí se me había olvidado, mami”, mientras pensaba “Por fin se acordaron estos malparidos, pero listo, después qué regalo de día de la madre ni qué hijueputas”.

 

En fin, esa vez me embolataron el regalo, el arroz con pollo, el brazo de reina y esas cosas bonitas de los cumpleaños… vida triste la mía.

 

 

 

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Queridos hermanos, bienvenidos a esta maricada que acabo de abrir. No sé muy bien cómo funciona esto de tener un blog pero como decía el finado Don Plácido, “nadie nace aprendido”… así que siga al fondo a la derecha y bien pueda comenzar a cortarse las venas con un pedazo de foami.

 

 

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